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Gaza, un territorio sin ley

El 14 de mayo de 1948 se desató la guerra entre los judíos partidarios de declarar la existencia del Estado de Israel en Palestina y los países árabes que se oponían a esa declaración.

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Una de las últimas acciones llevadas a cabo por Egipto entonces fue tomar militarmente la llamada Franja de Gaza y protegerla de la expansión israelí. Gaza era entonces una tierra ocupada por miles de palestinos autóctonos y cientos de miles más desplazados por la guerra.

Cuarenta años más tarde, en junio de 1967 Israel atacó por sorpresa a Egipto para dar comienzo a la Guerra de los Seis Días. La Franja de Gaza fue anexada con facilidad, pero nunca incorporada al territorio de Israel. Aceptar a sus 1.5 millones de palestinos como ciudadanos habría implicado un desbalance demográfico inaceptable en el Estado de los Judíos. Charles de Gaulle definió entonces la situación de Gaza en estos términos: "En los territorios que ha conquistado, Israel está organizando una ocupación que en el futuro no podrá funcionar sin opresión, represión o expulsiones masivas".

Durante los cuarenta años que han pasado desde entonces Gaza ha permanecido bajo control militar israelí y sin ningún derecho de autodeterminación. La singularidad de Gaza como no-lugar, como inmenso campo de refugiados sin nacionalidad (según la ONU el territorio más denso del mundo y uno de los más pobres) se puede explicar solamente si se entiende que el Estado de Israel es el único socio incondicional que tienen los Estados Unidos en Oriente Medio. Ese apoyo sin restricciones de los norteamericanos a todas las acciones sionistas no tiene un final a la vista, al menos mientras el petróleo sea el motor de la energía mundial (lo que equivale a 30 años más, según los cálculos optimistas de Barack Obama).

En enero de 2006 el movimiento islámico Hamas ganó las primeras elecciones generales palestinas (avaladas por la ONU y los organismos internacionales). Lo hizo con una aplastante mayoría del 74% sobre Al Fatah, movimiento laico del difunto Yasir Arafat. Según los analistas internacionales, Israel fue el único país que calculó anticipadamente las ventajas de ese triunfo y por eso el único que no puso ningún reparo a la celebración de elecciones. Fue también, por supuesto, el primero en oponerse a los resultados. La victoria islamista en efecto le permitió a ese país llevar a cabo acciones diplomáticas y militares que llevarían a la fractura entre Gaza y Cisjordania (es decir entre Al Fatah y Hamas), y al consecuente derrumbamiento de la resistencia palestina, que se produjo en junio de 2007.

En agosto de 2007 Israel declaró a Gaza ‘entidad hostil’, denominación que no existe en el derecho internacional y con la que se auto otorgó la licencia de mantener la ocupación militar y de aplicar al mismo tiempo un bloqueo total de fronteras (que incluye el paso de medicinas, comida, ayuda internacional y combustibles). La Franja se convirtió además desde entonces en el blanco de acciones militares continuas por parte de Israel, que dejan hasta hoy un promedio de 42 palestinos muertos cada mes. Solamente en los bombardeos de esta semana ya se cuentan más de 450 muertos y 1200 heridos graves. Ante ese panorama, Hamas ha estado respondiendo con el lanzamiento de cohetes caseros sobre el sur de Israel. Unos 2400 en total, que en ese mismo período de año y medio han dejado un saldo total de 10 (diez) israelíes muertos, incluyendo los cuatro de esta semana. 

La principal estrategia semántica para justificar la aniquilación de Gaza es vincular a Hamas al terrorismo internacional. Sumarse a la retórica incendiaria de Bush. La ecuación es simple: si Gaza está gobernada por Hamas, y Hamas es un grupo terrorista, Israel tiene derecho a aplicar el uso de la fuerza como mejor lo considere, aunque su criterio sea, como esta semana, el de bombardear escuelas, universidades, estaciones de policía de tránsito, barcos de pescadores, barcos de ONG internacionales, túneles de subsistencia, edificios residenciales, acueductos, plantas de energía, hospitales. Y sedes de Hamas, el grupo terrorista, por supuesto.    

Afirmaba el martes un columnista en la primera página de un periódico israelí ‘Israel no tiene alternativa: debe pelear una vez más por su supervivencia y lo hará con heroísmo’. Este tipo de retórica está evidentemente desconectada de una realidad en la que el cuarto ejército más poderoso del mundo (poseedor de armas nucleares) ataca desde aviones supersónicos y tanques de última generación a milicianos armados con rifles y cohetes caseros. A pesar de no corresponder a los hechos, frases como esas son creídas a pie juntillas por la mayoría de habitantes de Israel. Son frases que se aprovechan cínicamente un trauma que está en la base del Estado: el peligro siempre latente de que el pueblo judío se quede sin tierra.

Afortunadamente existen voces críticas. Entre las más notorias tal vez la del periodista Gideon Levy. Decía Levy en su columna del diario Haartez del lunes ‘En muy poco tiempo, cuando la ostentación de muertos y heridos cese, llegaremos a un nuevo alto al fuego, uno exactamente igual al que podríamos haber logrado sin esta guerra superflua (…) Mientras tanto, miremos como la Fuerzas Armadas Israelíes ganan y demuestran que cuando el matón de la región está en campaña, nadie puede detenerlo’. Según el historiador israelí Amnon Raz-Krakotzkin, son dos las estrategias principales detrás del accionar anti palestino en Gaza: negar toda responsabilidad histórica e inculpar a las víctimas de su suerte.

El que esto escribe visitó ayer la casa de una familia palestina en Jerusalén, cuyos parientes están encerrados en el infierno de Gaza. Hablé por teléfono con Mona, la madre. Me dijo que la harina, único alimento que quedaba en la ciudad, se acabó antier. Que estaban comiendo frutos secos y dátiles, que tenían hambre. Que no había luz y el agua escaseaba. Que desconocían el paradero de familiares y amigos. Después tuvo que interrumpir la conversación porque desde los techos los adolescentes del barrio estaban avisando que se acercaban aviones. Colgó Mona y salió corriendo a la calle con sus cuatro hijos, como lo ha hecho todos los días de esta semana, porque dicen en Gaza que las bombas van dirigidas contra los edificios.

La solución al problema de Gaza por parte de Israel parece simple: permitir la autodeterminación, devolver las fronteras a lo establecido por la ONU en sucesivas resoluciones, derribar el muro que ha usurpado un 36% de nuevas tierras, permitir el normal funcionamiento económico, cesar el acoso militar. Un escenario de esa naturaleza es sin embargo imposible, dada la mentalidad de los contrincantes. Para los israelíes cada acción de Hamas exige una venganza total, sin importar las proporciones o las normas del derecho internacional. Es una política de hechos consumados que no permite deshacer ningún paso y que según ellos acabará aniquilando las demandas de los gazauíes. Para Hamas, mientras tanto, la existencia de viudas y huérfanos palestinos es el motivo principal para mantener la resistencia armada.

 *Escritor colombiano residente en Jaffa, Israel.

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