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Las últimas veces que Guayabetal ha sido noticia fue por emergencias. En agosto del año pasado, debido a las fuertes lluvias, se produjo un deslizamiento que obligó a evacuar a 27 familias, destruyó una planta de tratamiento de aguas residuales y se llevó las casas de toda una cuadra, que cuatro años atrás estuvieron en riesgo por una emergencia similar, que arrasó dos viviendas durante la temporada de lluvias.
Isabela Forero, quien tenía una casa en el barrio Las Perdices, justo donde ocurrió este hecho, era incrédula a que una nueva emergencia pudiera presentarse, pero esa mañana de agosto vio el río Negro tan crecido, como nunca, que tuvo que acceder a salir de su vivienda, que poco tiempo después se derrumbó como en efecto dominó y, con ella, las restantes edificaciones que se encontraban en su calle.
Tanto la administración municipal como la Gobernación de Cundinamarca, a través de la Unidad de Gestión del Riesgo, anunciaron la entrega de ayudas a las familias damnificadas por seis meses, lo que no fue extraño para Forero, quien relata que en la primera emergencia ocurrió lo mismo y luego volvieron a las casas en riesgo. En esta ocasión, para mitigar el riesgo, se planteó la construcción de un muro de contención, así como de un viaducto, ya que este no es el único problema que tiene el municipio cuando llueve.
La razón de la emergencia fue una creciente del río Negro y la quebrada Blanca, que se unen exactamente bajo la montaña en que estaba el barrio, por lo que la fuerza del agua socavó la ladera, llevándose consigo las casas que estaban en su borde. “Es preciso mencionar la quebrada Perdices, que desemboca en el río Negro, cerca de Guayabetal; porque cuando aumenta su caudal inyecta agua en las rocas o formaciones geológicas circundantes, aumentando de igual manera su influencia en la remoción en masa o deslizamientos de las laderas del sector”, señala el geólogo Gabriel París, quien ha estudiado las condiciones en este paso.
A ese panorama se suma otro contexto geológico: las condiciones de la cordillera Oriental que, de acuerdo con París, en este punto está compuesta “por rocas metamórficas y sedimentarias muy antiguas, con notable fracturación y meteorización, y con laderas muy empinadas, lo cual las hace inestables bajo ciertas condiciones climáticas”.
Una descripción que se refleja en las calles del casco urbano del municipio que, además de empinadas, se encuentran a 500 metros de uno de los puntos más neurálgicos de la vía al llano: el kilómetro 58, que se ha hecho famoso por los constantes deslizamientos en la temporada de lluvias, como el ocurrido en junio de 2019, cuando se desprendieron 620.000 metros cúbicos de tierra (como para llenar 250 piscinas olímpicas), de la meseta Mesa Grande, provocando el colapso de un puente de 30 metros y obligando al cierre de la vía por casi tres meses.

En gran parte, esto se debe a que por las constantes fracturas en la tierra es más fácil que el agua penetre los macizos rocosos y se produzcan los deslizamientos y la inestabilidad, por lo que Coviandes tuvo que instalar un muro de contención flexible sobre el kilómetro 58 para retener el material que cae de la meseta sobre la vía y evitar nuevos cierres.
Desde la Unidad de Gestión del Riesgo de Cundinamarca se indicó que ya está viabilizado un muro de contención para mitigar el riesgo en las Perdices, que podría llegar a afectar hasta la carretera. Ya se viabilizó el proyecto y se establecieron los recursos, por lo que se hacen verificaciones técnicas de si son necesarios otros muros adicionales en otros puntos del municipio.
Asimismo, desde el pasado 19 de febrero, el Invías anunció el inicio de las obras de un viaducto que tendrá 720 metros de largo y se sostendrá por una estructura de seis apoyos para mitigar el riesgo sobre la vía al Llano. “En el sector transporte sabemos el papel determinante que desempeñan los Llanos Orientales como despensa agrícola y ganadera del país. Por eso, desde nuestras entidades trabajamos para estructurar y ejecutar obras que fortalezcan a toda esta región y mejoren la calidad de vida de sus habitantes”, afirmó en ese momento la ministra de Transporte, Ángela María Orozco.
Por su parte, la alcaldesa del municipio, Sonia Baquero, señaló que llegaron a acuerdos con comerciantes y veedores del municipio, el pasado 4 de marzo. “Lo más maravilloso es que no se va a impactar el comercio guayabetaluno (restaurantes y establecimientos sobre la carretera), se logró revisar el tema de la estación de suministro de combustible del municipio y en ese aspecto dos factores que impactaban de este proyecto, quedaron solucionados”. Al respecto, el director Nacional de Invías, Juan Esteban Gil Chavarría, señaló que queda pendiente un estudio geológico para determinar si se puede dejar la estación de servicio, de lo contrario se entregará un predio para su reubicación.
En el municipio se están tomando acciones para reducir el riesgo, entre las que se incluyen la modificación del Esquema de Ordenamiento Territorial (EOT) pues lo que preocupa es que una emergencia, como la de Quebrada Blanca, en junio de 1974, que destruyó parte de la carretera y dejó un trágico saldo de más de 500 muertos, se vuelva a presentar.
Para evitarlo, París manifiesta que será fundamental que desde la planeación se realicen estudios geológico-geotécnicos profundos y detallados, así como las condiciones para la cimentación, que el país está en las condiciones de hacer y que serán necesarios para evitar que las lluvias sigan siendo una amenaza para Guayabetal.