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¿Por qué Colombia quedó al borde de un racionamiento?

Los colombianos no lograron ayer la meta de ahorro de energía propuesta por el Gobierno para evitar cortes programados (5%). Acá la historia de por qué esta situación está en manos de los usuarios pese a que este sector era uno de los más confiables del país.

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La foto del sistema eléctrico de hace seis meses dista mucho de la actual pero eso no quiere decir que las razones por las que el país terminó al borde de un apagón hayan desaparecido. A nivel regulatorio las soluciones han sido, hasta ahora, analgésicas. El dolor de cabeza ya va en migraña y el Gobierno puso en manos de los usuarios el futuro del suministro.  Mientras las lluvias empezaban a disminuir, el Ministerio de Minas y Energía sacaba a comentarios la resolución 109 de 2015 de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg) en la que proponía la entrega del cargo por confiabilidad  a través de subastas que ganarían quien estuviera en la capacidad de generar más eficientemente.  La idea anteriormente explicada es por sí solo un debate profundo para los generadores y para entenderlo hay que saber de qué manera son remuneradas las empresas que producen energía en Colombia. Los generadores reciben unos recursos por su energía pero después del apagón de los años 90 fue creado un cargo, un pago, para respaldar el mantenimiento de los activos eléctricos.  El famoso cargo por confiabilidad — inicialmente cargo por capacidad— es el mecanismo a través del cual el ejecutivo consideró era la manera de garantizar que las térmicas, generadoras que llegaron al país para respaldar la generación hidráulica, pudieran estar listas cuando la generación hidráulica por factores climáticos, como el actual, o por fallas en alguna de sus máquinas no pudieran funcionar.   Durante el más reciente Fenómeno de El Niño la figura del cargo por confiabilidad ha sido cuestionada y ni siquiera el sector ha logrado hacer un trabajo de comunicación apropiado para explicar cuál es la verdadera función de un costo que está incluido en las facturas del recibo de la luz de todos los colombianos.  Quienes critican el cargo han dicho que no funcionó pues no pudo garantizar la confiabilidad del sistema y la oferta de energía. Sin embargo, las empresas lo defienden argumentando que la idea de tener los activos listos para cuando el sistema los necesitara es un hecho. Un estudio de la Contraloría que será dado a conocer próximamente, y en el que se auditó cómo las empresas manejaron más de $12 billones que recibieron, tiene como conclusión que esos recursos fueron invertidos en lo que se debía.  Pero esto no quiere decir que el modelo en sí mismo sea bueno. De hecho críticos y  defensores del sistema coinciden en que, si bien no hay que quitarlo, si es necesario revisarlo para establecer en qué condiciones debe ser entregado y cuáles son los compromisos con los que queda la generadora luego de recibirlos.  Más allá del problema de sí hubo un problema de corrupción o no, la nueva dinámica económica y social del país si hace que las personas se pregunten por qué deben hacer un aporte a través de su recibo para que un activo, que económicamente es explotado por un privado, se mantenga en buen estado.  Esa respuesta no se ha dado.  Pese al escepticismo que todavía reina sobre ese tema, la crisis del sistema, dicen investigadores del sector, no necesariamente se debe al cargo por confiabilidad. La brecha entre lo que cuesta producir energía y la remuneración por ella desembocó en una medida nada popular como fue el aumento en las tarifas del servicio. Esto fue un problema de regulación que no fue corregido a tiempo.  En ambos puntos, la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg) tiene mucho que ver. Entre otros, el garrote que les han dado a los comisionados tiene relación con estos hechos. La no modificación de una fórmula que establece la remuneración tiene hasta el cuello a los generadores térmicos.  Cuando el Gobierno anunció el aumento de las tarifas, a finales de 2015, fue precisamente porque había que financiar una brecha de cerca de $3 billones que ni el ejecutivo quería asumir, ni las empresas, decían, estaban en capacidad de cubrir. En una decisión salomónica, Tomás González, para ese momento ministro de Minas, decidió que cada actor haría un aporte para subsanar el hueco.  “Los colombianos aún no dimensionamos la magnitud de este fenómeno (…) por esta seguía tan prolongada está entrando mucha menos agua a los embalses, el sistema necesita apoyarse en generación térmica. Nuestro objetivo como Gobierno es asegurar el abastecimiento pleno de la demanda y el actual sistema nos ha protegido durante más de 20 años, por lo que deberá seguir haciéndolo”, aseguró González (Suben tarifas de la energía por efecto de El Niño).  Como en los puntos anteriores, en el gas también hay diferencias. Los últimos cuatros meses la escasez del hidrocarburo era una verdad casi indiscutible. Sin embargo, la Asociación Colombiana de Gas Natural (Naturgas) dijo la semana pasada que los productores le están cumpliendo a los generadores térmicas dándoles, incluso, mucho más de lo que se habían comprometido a suministrar para esta época. Sin embargo, lo que no advirtió Naturgas, es que eso fue posible gracias a que durante las últimas semanas del año pasado y las primeras de este, la industria reduce su consumo, dejando una suerte de sobreoferta que puede ser utilizada por las térmicas.  En todo caso, cada vez se va reduciendo el gas natural por el declive natural de los campos de gas en La Guajira, que son los más importantes del país. El sistema de transporte del recurso del Caribe al centro del país tiene un problema que no favorece a los industriales de esa zona pues aunque la región es productora allí, por la presencia de empresas y de térmicas el consumo es mayor a la oferta.  En este capítulo nuevamente apareció la Creg, acusada de no modificar la fórmula que fijaba las tarifas del gas para esa zona del país. El exministro de Minas, Amylkar Acosta al respecto comentó que “lo que resulta perverso es que existiera una fórmula, un indexador, para fijar un precio, como si estuviéramos en un mercado en competencia, cuando no lo hay; existe un duopolio. En condiciones de escasez, los que componen el oligopolio terminan imponiendo el precio. En esas circunstancias es cuando el Estado debe intervenir”  Con presiones políticas a bordo — el alcalde de Barranquilla y el Gobernador de Atlántico le recordaron al presidente Santos que la región Caribe es fiel simpatizante de su gobierno y protagonista de su reelección— el ejecutivo tuvo una negociación que concluyó en la indexación del WTI en la fórmula que fija la tarifa.  “La decisión que se tomó es que esta referencia de petróleo tenga un peso en el indexador del 35% y que sea estable en lo que queda de vida de los contratos que ya están firmados. Con esta medida se va a abrir la posibilidad para que las diferencias de precios que existen hoy entre el Caribe y el centro del país –entendiendo esa diferencia como la suma del gas y el transporte– se cierren”, explicó el ministro González.  A esto hay que sumarle el incumplimiento de Venezuela del gas que durante años Colombia le exportó. Eran 40 millones de pies cúbicos que el país vecino tuvo que empezar a suministrarle pero la sequía también está del otro lado de la frontera y el gobierno venezolano, como era de esperarse, le dio prioridad a su generación térmica e informó que no honraría el acuerdo.  A cuenta gotas se fue configurando el problema del sistema eléctrico. Advertencias y preocupaciones siempre hubo pero el Gobierno siempre manifestó tener la situación bajo control. Aunque apretado, el sistema eléctrico podía responder a una de los Fenómenos de El Niño más críticos de los últimos años.  Entre tanto, la mala suerte se sentó en el camino del sistema eléctrico. Este año hubo un incendio en la hidroeléctrica de Guatapé (Antioquia), afectando a otras dos pequeñas centrales propiedad de Isagén por las conexiones que había entre los embalses. A ello se sumó la avería de una de las turbinas de Zona Franca Celsia y se armó Troya. El esquema de energía se vino abajo. Luego XM, el gestor del mercado eléctrico, dijo que para evitar un apagón se sugerían racionamientos programados.  Al ministro González se le fueron acumulando los problemas y la apertura de una investigación por un posible tráfico de influencias desembocó en su salida de la cartera. El presidente Santos manifestó su inconformidad por la tardanza de las medidas y la gravedad de la situación.  Aunque la crisis sigue a la vista el Gobierno apela a la colaboración de la gente para evitar un racionamiento de energía y casi está responsabilizando a los colombianos si llegamos a un apagón. No se ha dicho literalmente pero en el discurso está teniendo una orientación que excusa a quienes eran los responsables de evitar llegar hasta este punto y a los ciudadanos apagando luces sin una educación para hacer un uso racional de este servicio.  La foto del sistema eléctrico sigue siendo la misma.    

 

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