Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Yo creo que Santrich andaba en malos pasos porque: se trata del cínico bolerista de “Quizás… quizás… quizás”. Porque las Farc traficaron a gran escala, así afirmen, como me lo sostuvo Catatumbo en Cali hace poco, que las Farc solo les cobraban gramaje a pequeños cocaleros, ya que los grandes carteles nunca se sometieron a ese “tributo”. Porque las Farc han sido tan juiciosas (desarme, concentración y paciencia, mucha paciencia) que deben tener un “guardao”, una “póliza”, digamos. No son ingenuos. Saben que se las están viendo con enemigos torvos: el Estado y el establecimiento colombianos.
Porque es difícil creer que los “proyectos productivos” de la Farc y el Cartel de Sinaloa se limiten a la horticultura. Porque el cuadro y la dedicatoria de Santrich al capo mejicano Rafael Caro son demasiado tiernos. Porque el fiscal, el presidente y la DEA afirmaron que las pruebas contra Santrich eran contundentes. Porque Santrich andaba mal acompañado: Marlon Marín, Armando Gómez España (el traqueto padre de Carolina Gómez), el capo mejicano… ¡y el mismo Santrich! Porque al tiempo de la noticia de la captura del glamuroso guerrillero, salieron a la luz los negociados de Marlon Marín con los dineros de la paz.
Son demasiados indicios, sí, pero no son pruebas, y la Justicia es una majestad que no puede basarse en tirrias de columnistas contra boleristas, ni juzgar a nadie por sus buenas o malas compañías, ni por sus ternuras, ni creer todo lo que digan un señor tan bocón como Néstor Humberto, un señor tan culipronto como Juan Manuel o una entidad tan mafiosa como la DEA.
Han pasado más de 30 días desde que se anunciaron las famosas “pruebas contundentes” y nada que aparecen. Han corrido ríos de tinta sobre la extradición de Santrich y resulta que la Cancillería colombiana ni siquiera ha recibido una solicitud formal del gobierno norteamericano.
Legalmente hablando, el caso no tiene vueltas: si las andanzas de Santrich son recientes, debe juzgarlo la justicia ordinaria colombiana. Si son viejas, la JEP. ¿Por qué razón debe juzgar una corte estadounidense un entrapment (léase torcido virtual) realizado en Colombia? Si una de las premisas centrales de la justicia restaurativa es la salvaguarda de la verdad, ¿por qué torpedearla extraditando a Santrich? ¿Vamos a repetir los errores (el taimado enroque) de Justicia y Paz?
Por fortuna, la cordura se está imponiendo. El traslado de Santrich a extramuros y la suspensión del proceso de extradición que acaba de interponer la JEP, son un parte de tranquilidad (la JEP debe decidir si la celada de la DEA a Santrich ocurrió antes o después del 01/12/2016). Parece que alguien entendió que Santrich no es un traqueto más, que el posconflicto es una criatura frágil y que el proceso de paz no puede depender de la conducta de una persona ni mucho menos de sus cuasidelitos.
Contra todo pronóstico, el proceso de paz ha sobrevivido a la muerte de Alfonso Cano, a la masacre de los 11 soldados en Timba, Cauca, al triunfo del No en el plebiscito, a las posverdades de los mercaderes de la guerra, a la masacre de líderes sociales y a la ineptitud del Gobierno para organizar cosas tan básicas como los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación de la guerrillerada, y todo parece indicar que sobrevivirá a las “operaciones encubiertas” de la DEA.
Este país necesita desarrollar proyectos que lo aglutinen, sueños que exorcicen las pesadillas de su historia. No hay un sueño más noble y urgente que llevar a buen puerto el posconflicto. Es un camino muy difícil, pero el otro es estúpido.
También le puede interesar: