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El matrimonio: ¿dura o madura?

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Son muchas las parejas que relatan: No sabemos qué nos pasó, al comienzo todo iba bien, nos entendíamos, pero con la rutina o los niños dejamos de tener tiempo para el otro. Ahora si nos va bien nos sentimos lejanos y si es grave nos peleamos. Entonces se preguntan: ¿Será que vale la pena que sigamos juntos?

Algunas de estas parejas deciden hacerlo porque piensan: Yo me casé para toda la vida, es normal que las cosas cambien, sabíamos que el matrimonio era así. Con estas creencias logran durar. Pero, en verdad, sólo se acomodan y toleran. Entonces, como en todo proceso que se congela, se pierde el sabor y la esencia que no son otra cosa distinta de la pasión, la intimidad y la ternura.

Otros, en cambio, deciden que es el momento para una separación. Piensan, en el mejor de los escenarios, que todavía pueden rehacer sus vidas, que están jóvenes y tienen derecho a ser felices. Además, todos saben que un matrimonio desdichado es una muerte en vida.

Y, en el peor de los escenarios, no dudan que la culpa fue del otro: no era posible vivir con esa persona mandona, tacaña o botaratas, demasiado seria o trivial. En fin, igual que el fruto que se corta antes de tiempo, estas parejas nunca tendrán la oportunidad de conocer el sabor que la maduración les habría dado.

La sociedad de consumo, con su afán de empacar y embalsamar la vida, convirtió el matrimonio en una experiencia que se debe conservar intacta, como cualquier mermelada o sopa Cambell, al mejor estilo de Andy Warhol; o, en una “cosa” perfecta que debe desecharse cuando presenta cualquier irregularidad.

A pesar de que nadie tiene la fórmula para hacer que una relación les ofrezca a los cónyuges la satisfacción de cumplir las expectativas que tenían el día de la boda, vale la pena seguir juntos si se atreven a resolver conflictos y dar lo mejor de sí mismos. Y no vale la pena si sólo se pelean, se acomodan o abandonan.

Si queremos que la vida de pareja nos dé la cosecha de su madurez, aceptemos la invitación del poeta Jalil Gibrán: “Cuando el amor arribe a vosotros, seguidle. Aunque sus veredas sean duras y difíciles de seguir. Y cuando sus alas os envuelvan entregaos a él. Aunque la espada que oculte bajo sus alas pueda heriros. Y cuando os hable creed en él. Aunque su voz pueda arrasar vuestros sueños, así como el viento del norte arrasa los jardines”.

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