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A los técnicos del fútbol colombiano les ha llegado la moda de quejarse de la presión, del grado de compromiso, de las obligaciones que tienen de ganar y extraer buenos resultados en sus campañas.
Leonel Álvarez, quien va cumpliendo paso a paso su carrera como técnico, a quien le faltan todavía muchos triunfos y muchos reveses para poder doctorarse, piensa que al Medellín le vienen bien dos derrotas para que la gente, la afición y la prensa no le sigan mirando como gran candidato al título. Es una manera de sacarse la presión de encima, de eludir la responsabilidad de comprometerse con la victoria final. Y el DIM consigue con estas dos derrotas consecutivas que el aficionado y los rivales lleguen a la conclusión de que es bueno pero no tanto. Las palabras del técnico agrandan al adversario y disminuyen a su escuadra. El resultado es contraproducente.
Cheché Hernández cree que al Cali le está pesando demasiado la responsabilidad de ganar y que a sus jugadores les pesa la pelota, no saben arrancar los avances, se equivocan en el primer pase. La discreta campaña del cuadro verdiblanco, al que le cuesta ganar de local, es producto de la presión de su público. Esa es una manera de sacarse la responsabilidad, de eludir las falencias, de no mirar dentro del problema, sino alrededor de la herida. El Cali no gana porque no juega bien, no se defiende bien, no concluye correctamente y eso no es culpa de cinco o diez mil hinchas, es culpa de sus jugadores y de la planificación de su técnico. El entorno no hace goles, no tapa remates, el entorno no entra a la cancha. Endilgarle la responsabilidad es una actitud cobarde y poco coherente.
García, el técnico, directivo, dueño, preparador de arqueros, adiestrador físico y comisionista de Millonarios se enojó cuando el público se le fue encima por las pésimas presentaciones del equipo azul ante Real Cartagena, Pasto, Tolima y Santa Fe. El público, en ese momento, según el citado individuo, le hacía daño al equipo, lo presionaba, era injusto por criticarlos. Pero tras el triunfo contra el Medellín, jugando bastante bien y volviendo a lo que mostró al principio del torneo, fútbol fluido, ya no existía la presión del entorno y de la tribuna.
Todos los que le achacan a la tribuna, al hincha, a la prensa, al entorno, los buenos o malos resultados, mienten y engañan. El futbolista profesional tiene la obligación de jugar y dejar los nervios en el camerino. Y si no lo puede conseguir, que se dedique a otra cosa. Esto es fútbol profesional, esto no es un juego de niñeras.