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La improvisación y la confusión que maneja el gobierno de Gustavo Petro en sus esfuerzos por la “paz total” están generando mucha desconfianza. Peor aún, están causando problemas reales, como el enfrentamiento entre la Rama Judicial y la Presidencia por la liberación de Jorge Luis Alfonso López, más conocido como “el Gatico”, hijo de “la Gata”, Enilce López, que golpea la legitimidad de todo ese proceso. En vísperas de que por fin se presente una ley de sometimiento al Congreso, anunciada en estos días por el Gobierno, es necesario que la administración empiece a adoptar mayor transparencia y claridad sobre sus esfuerzos, a riesgo de sabotear el proyecto insignia del presidente.
Todo lo que ocurrió con López es un desastre. Primero lo nombraron como facilitador, pero no le avisaron al país. Segundo, no sabemos de dónde proviene esa figura. ¿Con base en cuál ley se construye? ¿De qué sirven, en términos prácticos, esas distinciones poco claras con los gestores y promotores de paz? Tercero, un juez de la República, ahora investigado, entendió que facilitador implicaba libertad y por eso la concedió. El Gobierno puso el grito en el cielo, en voz de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, pero el embrollo causado es culpa de esa falta de claridad. ¿Qué más estamos perdiendo por el afán de llegar a acuerdos cuanto antes?
Ese afán, combinado con la opacidad y franca incoherencia del Gobierno en sus comunicaciones, hace que la desconfianza aumente. Abundan las denuncias y sospechas de colados en el sistema, de negociaciones malhabidas en las cárceles, de promesas que el país debería conocer si son ciertas. El Gobierno prometió transparencia, pero hasta ahora hemos caminado en medio del caos. Expertos en seguridad critican la ausencia de un plan claro para garantizar el control territorial mientras se dialoga con criminales y narcotraficantes, y tampoco conocemos cuál será la hoja de ruta para esos procesos con grupos que no tienen componentes políticos.
Quizá con la presentación de la ley de sometimiento el Gobierno se sienta más cómodo para dar anuncios con detalles. Es lo justo. Pero el problema es que estos meses de avances han estado marcados por el silencio y la torpeza, cuando no por un velado tratamiento político a perversos delincuentes y crímenes, lo que les da fuego retórico a los enemigos de la paz. La apuesta por encontrar un fin a la violencia no puede ir en desmedro de la tranquilidad de los colombianos ni mucho menos de la estabilidad del Estado.
¿Qué más nos falta por conocer? ¿Cómo van las conversaciones y de qué manera se están llevando? ¿Qué promesas se han puesto sobre la mesa y cómo se van a articular con, por ejemplo, las preocupaciones de la Fiscalía? ¿Dónde está el plan estratégico del Ministerio de Defensa para combatir a los grupos que siguen delinquiendo? No se pueden cometer los errores de procesos de paz pasados. Los colombianos tienen que estar enterados para que puedan confiar y entender lo que ocurre. El caso del “Gatico” es solo una muestra de lo que parece estar mal.
Nota del editor. Este editorial se fue a impresión antes de que el Gobierno presentara su propuesta de ley de sometimiento. Puede oprimir aquí para leer el proyecto presentado por la administración de Gustavo Petro.
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