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Hasta siempre, Tempelhof

Esta es la historia del comienzo y fin de este monumental edificio que sirvió como escenario de la Guerra Fría.

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Tegel, Schönefeld y Tempelhof son los tres aeropuertos internacionales de Berlín.

Este último tiene una historia particular, y para los berlineses ha sido un símbolo de su lucha en los comienzos de la Guerra Fría. Su muerte, el 30 de octubre del 2008, constituye, como en las batallas, un final de tragedia.

Su enorme terreno era un sitio preferido por los berlineses para sus deportes y paseos familiares en los días festivos. Algo parecido como fue el antiguo Aeropuerto de Techo de Bogotá.

Se proyectaba construir allí un centro de ferias de exposición. Pero providencialmente el Sr. Leonhard Adler, miembro destacado del Departamento de Obras Públicas de Berlín, dijo que era el sitio ideal para el nuevo aeropuerto central de la ciudad. En 1924 se comenzó la construcción. Los primeros vuelos partieron hacia Austria, Suiza y a las ciudades de Munich y Königsberg (hoy Kaliningrado).

En 1930 se vio que Tempelhof era insuficiente para las necesidades de la época y que había que ampliarlo. Pero en 1933 ya estaba el régimen nacionalsocialista en el poder, y cualquier obra de envergadura tenía que regirse por las políticas del Tercer Reich.

Obra monumental inconclusa

En 1934 aparece el arquitecto Ernst Sagebiel, con los planos para un aeropuerto con capacidad para atender a seis millones de pasajeros por año. Sagebiel, miembro del partido, quería impresionar a Hitler con un proyecto de macrodimensiones acorde con las ideas de gigantismo e impacto arquitectónico del Tercer Reich.

El edificio que hasta hoy existe  funciona. Se comenzó a construir en 1936 sobre una superficie de 284.000 m², y fue entonces el edificio más grande del mundo (hoy es el segundo, después del Pentágono). La construcción fue interrumpida por falta de fondos y  por la guerra, y reanudada en 1943, sin que jamás se terminara definitivamente.

Por los bombardeos, el edificio del aeropuerto antiguo quedó destruido, mientras que las instalaciones del nuevo sólo fueron parcialmente dañadas. Los Aliados procuraron conservarlo para utilizarlo como centro de operaciones después de la guerra. El Ejército soviético fue el primero en llegar, y posteriormente Tempelhof pasó a manos de las tropas americanas, el 2 de julio de 1945, las cuales permanecieron allí hasta su entrega, a los alemanes, después de la caída del Muro.

El puente aéreo

Uno de los aspectos más cruciales de la Guerra Fría fue el bloqueo de Berlín Occidental por parte de la Unión Soviética. Entre el 12 de junio de 1948 y el 12 de mayo de 1949, la población de Berlín Occidental quedó completamente aislada por vía terrestre del resto del mundo. Fue necesario abastecerla por vía aérea, y en esta tarea gigantesca el aeropuerto de Tempelhof  fue escenario de atención mundial. Por aire se transportaron durante todo este tiempo 2,34 millones de toneladas de comida, vestuario, combustibles y materiales de construcción para garantizar la supervivencia de la población berlinesa occidental. Al piloto americano Gail Halvorsen se le ocurrió botar desde la ventanilla de su avión dulces y chocolates para los niños, por lo que los aviones se apodaron como Rosinenbomber  (aviones que botan uvas pasas, en vez de bombas). Toda esta operación memorable de ayuda de los aliados la recuerdan los berlineses hasta hoy con profundo agradecimiento.

Desafortunadamente, lo colosal del aeropuerto de Tempelhof se convirtió en desventaja. La inversión requerida para su adecuación es tan grande que la municipalidad no pudo asumirla, y decidió cerrarlo. El último vuelo partió de Tempelhof el 30 de octubre de 2008, y con eso termina un capítulo de la historia de la aviación alemana y de la historia de Berlín. ¡Good bye Tempelhof!

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