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El ex coronel Théoneste Bagosora, quien fue el principal cerebro tras el genocidio ruandés de 1994, fue condenado a cadena perpetua el jueves por el Tribunal Penal Internacional para Ruanda. El TPIR, con sede en la ciudad de Arusha (Tanzania), fue creado por el consejo de seguridad de la ONU cuatro meses después de terminar el genocidio, y ésta es la condena más importante que ha realizado en sus 14 años de existencia.
Bagosora fue uno de los líderes más visibles de la facción extremista del gobierno hutu conocida por el nombre de ‘Akazu’ (pequeña casa) que hizo los preparativos para el genocidio. El otro fue la ex primera dama de Ruanda, Agathe Habyarimana, quien se encuentra exiliada en Francia desde 1994. Aunque en 2007 el gobierno de Nicolás Sarkozy le negó asilo político, la señora Habyarimana continúa viviendo en París.
El genocidio inició el 6 de abril de 1994, la noche en que fue derribado el avión en el que viajaba el entonces presidente Juvénal Habyarimana. Aunque se desconoce el responsable del asesinato, los extremistas liderados por Bagosora de inmediato acusaron al Frente Patriótico Ruandés (FPR), un grupo guerrillero liderado por miembros de la tribu tutsi, que invadió al país desde Uganda en 1990. El FPR, sin embargo, ha sostenido desde entonces que el presidente Habyarimana fue asesinado por los hombres de Bagosora y la primera dama. Esto para justificar un golpe de Estado en el que se eliminara a miembros más moderados del gabinete, quienes se opondrían al genocidio.
Tan pronto el magnicidio se hizo público, el ejército y las milicias paramilitares hutus realizaron las primeras matanzas de tutsis. La principal emisora del país, Radio Mil Colinas, que llevaba meses emitiendo mensajes de odio contra los tutsis, instó a la población a la violencia. Durante tres meses la comunidad internacional optó por no intervenir y murieron en promedio 8.900 personas al día. Se estima que el total de muertos supera los 800.000. El genocidio se detuvo cuando el FPR tomó el control de Kigali. Desde entonces, el líder de este grupo, Paul Kagame, se ha mantenido en la Presidencia de Ruanda.
El TPIR halló al ex coronel Bagosora culpable de ordenar el asesinato de la primera ministra del presidente Habyarimana, Agathe Uwilingiyimana, una de las voces más moderadas dentro del gobierno, así como la del presidente de la Corte Constitucional y de tres miembros de partidos de oposición. Estas muertes le permitieron al ex coronel asumir el poder de facto.
Adicionalmente, el tribunal lo culpó de complicidad en el asesinato de 10 soldados belgas de las fuerzas de paz de la ONU, y de varias masacres realizadas en Kigali entre el 6 y el 9 de abril de 1994.
Junto a Bagosora también fueron condenados otros ex militares: Aloys Ntabakuze, antiguo comandante del Batallón de Paracaidistas que participó activamente de las masacres, y Anatole Nsengiyumva, comandante militar de la ciudad de Gisenyi. Ambos fueron hallados culpables por cometer genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra, y pagarán cadena perpetua.
En un veredicto separado, el mismo tribunal sentenció a 20 años de prisión al empresario Protais Zigiranyirazo, cuñado del fallecido ex presidente Habyarimana, por los cargos de genocidio y exterminio en la modalidad de crímenes contra la humanidad. Según estableció la fiscalía, el hombre de negocios también perteneció a la facción ‘Akazu’.
“El caso ‘Militar 1’ (Bagasora) es uno de los más históricos y célebres del TPIR, porque estamos juzgando al supuesto cerebro del Genocidio de Ruanda de 1994”, le dijo Roland Amoussouga, portavoz del TPIR, al diario ruandés New Times.
Durante los últimos meses, las consecuencias del genocidio y el gobierno de Paul Kagame han ocupado un papel protagónico en el ambiente político centroafricano. En agosto el gobierno ruandés hizo público un polémico reporte donde acusa al ex presidente de Francia, François Mitterrand, a su hijo Jean-Christophe, y a 11 políticos franceses más de haber “diseñado la infraestructura para el genocidio”.
Por otro lado, Kagame ha recibido duras críticas por el apoyo que le ha dado a las milicias del tutsi Laurent Nkunda en el Congo.