Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El martes anterior se cumplió un nuevo aniversario del nacimiento del maestro Darío Echandía. Nació el 13 de octubre de 1897.
Idéntico a sí mismo, como lo definió el ex presidente Alberto Lleras, Echandía debe ser un referente obligado en los tiempos que corren. Su ejemplo lo convirtió en la conciencia moral del país, cuando buena parte de su dirigencia comenzó a ahogar los valores en medio de los malos hábitos públicos. Su primer gran legado es ético.
Representante y senador, gobernador y ministro, magistrado y profesor universitario, Echandía cumplió una larga carrera en el servicio al país. Llegó a la presidencia de la República, casi sin buscarla, gracias y su inteligencia y a pesar de su temperamento. Pero la gran pasión de su vida fueron los libros, la lectura de los clásicos, el debate en torno a los temas centrales de la teoría del estado y de la filosofía del derecho.
Ministro estrella de López en el gobierno de la “revolución en marcha”, durante la república liberal, puso su talento al servicio de la reforma constitucional de 1936, que transformó al país a través de procedimientos jurídicos. El Estado social de Derecho nació en Colombia con la reforma del 36, bajo la influencia de la constitución de Weimar y de la segunda república española. Lo que hizo la Carta del 91 fue darle contenido material. López y Echandía fueron dos figuras políticas complementarias. Su militancia común en un liberalismo ávido de modernización y deseoso de rediseñar las instituciones, los identificó en los mismos propósitos doctrinarios. López había nacido en Honda, Echandía en Chaparral. Por eso sus estudiosos, particularmente en su departamento de origen, mencionan sus nombres como inspiradores de la ”Escuela del Tolima”.
Existirá quien disienta frente al nombre, pero tendrá que convenir en que, tal vez, sin proponérselo, los dos dieron vida a una auténtica escuela de pensamiento: las libertades civiles, las garantías sociales, la función social de la propiedad, la libertad de cultos, el derecho de huelga, la separación de la iglesia y el estado, la libertad de enseñanza, fueron principios que informaron su acervo doctrinario y su vocación política.
Echandía formó parte de uno de los equipos humanos mejor dotados de la historia colombiana: Carlos Lozano y Lozano, José Joaquín Caicedo Castilla, Antonio Rocha Alvira, Rafael Parga Cortés, Alberto Camacho Angarita, Carlos Peláez Trujillo, en fin, un listado de jóvenes brillantes –todos liberales y todos tolimenses- al servicio de la construcción de instituciones que incorporaron al país en el universo de su tiempo. El otro suyo es doctrinario.
En el mismo grupo de jóvenes próximos a López, formaron también Alberto Lleras, Jorge Soto del Corral, Jorge Zalamea. Igualmente ellos son miembros de la misma escuela con independencia de su lugar de nacimiento. Dicha Escuela no se entiende sin López, pero tampoco se entiende sin Echandía. Aquel fue el visionario de las reformas, éste el pensador que dio sustento teórico y coherencia doctrinaria al nuevo esquema institucional.
Pero además Echandía fue precursor de la Corte Constitucional en Colombia. La propuso como miembro de la Comisión Paritaria de Reajuste Institucional, en donde lo acompaño Eduardo Zuleta Ángel, y lo reiteró más tarde en el seno de la Comisión Echandía, en donde lo acompañó Carlos Restrepo Piedrahita. Por todo eso, el maestro es un hombre del siglo.
Ex senador, profesor universitario