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“¿No crees que eres un ciudadano antes que periodista?”, le pregunta Jaime Bayly a Luis Carlos Vélez en su show, y ahí se va estrechando el círculo de una encerrona en la que ningún periodista quiere terminar. La de tener que cantar el voto, la de despojarse del sombrero problemático de la objetividad periodística y expresar la preferencia personal a tres semanas de unas elecciones.
Son los riesgos de ponerse del otro lado, de entrevistado, en lo que se ha convertido en la tribuna de la derecha latinoamericana. Los riesgos de sentarse enfrente a un gran entretenedor y provocador como Bayly, que de periodista no tiene nada. Por ahí ha pasado Abelardo de la Espriella, quien fue celebrado por su tesis de que habría que asesinar a Maduro. Ha pasado José Obdulio Gaviria, celebrando la inteligencia superior de Iván Duque, y pasó Duque para que Bayly hiciera lo propio.
Y ahí terminó encerrado Vélez, el director de La FM de RCN: “Comprometerme como periodista personalmente me da miedo (…) de pronto es un poco cobarde”. Esa fue la respuesta en caliente. Después de la entrevista, en Twitter, Vélez aclaró que el no compromiso era en sí una postura periodística: “El periodismo balanceado siempre será blanco de los extremos. No dejarse encasillar de uribista, petrista o santista, es mi derecho y también la postura que considero más responsable (…)”.
El episodio de Vélez y Bayly tiene significado y abre otra vez un debate viejo sobre periodismo y política electoral. En el caso de Vélez, y digamos de la escuela RCN, la postura de la independencia periodística tiene un gran problema que resume bien este trino de Claudia Gurisatti: “Quisiera celebrar el día mundial de la #LibertaddePrensa. Pero prefiero reflexionar. Aunque siempre estamos bajo presión y ataques, aún gozamos de ese derecho en Colombia. Pero lo podemos perder. Todo depende de cómo elijamos para evitar situaciones como Venezuela, Nicaragua, etc.”. En el trasfondo hay una alusión no tan velada a lo que ellos consideran una amenaza de Petro, una opción que queda calificada como antidemocrática.
Y es que entramos en esa época en la que, por otro lado, empiezan las adhesiones periodísticas de quienes sí se la juegan por sentar sus posición. De esas personas que además de ser opinadores son también profesionales de la información, hacen entrevistas y ponen agendas mediáticas. María Isabel Rueda, por ejemplo, este fin de semana destapó sus cartas por Germán Vargas Lleras en su columna de El Tiempo. Y en ese sentido, quienes oyen todos los días a Rueda en La W ya saben desde qué lado “se pregunta María Isabel”. Esta escuela de periodismo se la juega por ganar en transparencia lo que pierde en objetividad.
¿Dónde me paro yo en este debate? Hoy hay una necesidad de independencia que merece hacer el esfuerzo íntimo de ofrecer información sin tomar partido electoral. Pero para que ese esfuerzo sea sincero, uno tiene que aceptar que todas las opciones hoy en juego, todos los candidatos, son opciones válidas y democráticas. Es decir, hay que estar convencido de que lo que está en juego en estas elecciones no es la democracia, ni la libertad, sino solo la preferencia de la mayoría. Ahí no hay cobardía, y solo el futuro dirá si hay ingenuidad.