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La pugna entre el salario mínimo y los valores en casa
He hecho algunas cuentas con el salario mínimo en Colombia y he llegado a la conclusión de que es éste, en gran parte, el que fomenta la deshonestidad y los antivalores en las familias pobres del país.
Tomaré como ejemplo una familia de cuatro personas de estrato dos en Cali, donde el papá trabaja como obrero y la mamá es ama de casa y cuida a los dos niños.
Pagan un arriendo de $350.000 mensuales, con servicios públicos de $80.000, transporte para que el papá vaya y regrese del trabajo diariamente seis días a la semana de $96.000, servicio de TV de $40.000 y gas natural de $12.000.
Con el salario mínimo de $781.242, más $88.211 de transporte en 2018, he hecho las respectivas restas y les queda para la comida la suma de $2.428 diarios por cada uno.
Si desayunaran una arepa o pan de $500, un agua de panela de $500 y un huevo de $400, les quedarían $1.000 para el almuerzo y la comida de cada uno diariamente.
No he contado con que uno de los hijos o los padres se enfermen y deban ir al médico en su EPS; tampoco he mencionado que los niños y niñas en etapa de desarrollo necesitan proteínas y nutrientes; menos tendré la oportunidad de decir que un sello de pastillas anticonceptivas o condones cuestan como mínimo $20.000. Además, todo esto de espaldas a los derechos de los niños y las niñas, por ejemplo a la recreación.
Quizás es allí donde el papá arriesga su vida, colándose en el bus para ahorrar $2.000 que le permitirán llevar un pan más a su familia; quizás es allí donde la mamá observa que el tendero se equivoca en la cuenta cobrándole menos y calla para luego poder comprar una bolsa de leche que vale $2.600; quizás es allí también donde el niño ve la oportunidad de robar alimentos exhibidos para llevar a su casa, y todos se convierten en… deshonestos ladrones sin valores, porque siempre decimos y sabemos que los valores empiezan por casa.
Me duele mi país.
Arabella Cortés.
¿No agresión?
Los candidatos a la Presidencia firmaron un pacto de no agresión, pero es evidente que las campañas sucias ya están en marcha. Por todos lados abundan los señalamientos injuriosos, mentirosos y que sólo apuntan a explotar el ruido de la gente. Mientras tanto, brilla por su ausencia el contraste entre propuestas de los candidatos. Así vamos a elegir.
Felipe Mendoza.
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