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Brasil: ¿La nueva política?

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La irrupción de cientos de miles de personas en las calles sorprende, en un país campeón en la lucha contra la pobreza y con notables mejoras en su nivel de vida. Parecen nuevas realidades en un mundo en que la política se práctica como en el siglo pasado mientras la sociedad se ha transformado.

El gigante de Suramérica ha producido, en los últimos años, muchas buenas noticias: por ejemplo, su PIB per cápita se triplico en los pasados doce años; más de 25 millones de personas pudieron salir de la pobreza  y más de 30 engrosaron la clase media. Eso y la continuidad en el gobierno del partido de los Trabajadores, desde 2003, podrían configurar un escenario de  estabilidad. Lo ocurrido la semana anterior demuestra que no es tan así.

El asunto podría definirse como que los parámetros tradicionales no funcionan muy bien en la sociedad contemporánea o que esta los supera, y con ellos al régimen político, en complejidad. Difícil explicar que mientras Lula fue reelegido y la presidenta Rousseff, quien tiene unos niveles de aprobación superiores al 60%(53% califica su gobierno como bueno; 32% como regular y , apenas,13% como malo) va a ser reelegida, las calles se llenen de personas que protestan.

El detonante  de los reclamos fue un alza en el precio del transporte cercana a los 10 y 20 céntimos de Real (algo como el 3.2 y 6.5% del valor de los  tiquetes de autobús y metro). Pronto, sin embargo, se unieron a la protesta infinidad de sectores de la población que denunciaban la corrupción; la inflación; la cobertura y calidad de los servicios; la pobreza en que se mantiene aún el 20% de la población y, quien lo creyera, en el país de Pelé, el “alto” costo del mundial de futbol. También llegaron comunidades LGBT y muchas otras que no sienten sus derechos suficientemente reflejados en el andamiaje jurídico y el sistema político. Las simpatías por el movimiento incluyen a destacados  futbolistas como Dani Alves mientras que el Rey Pelé, quien hizo una defensa del mundial, fue abucheado por los manifestantes.

Pese a que los gobiernos de Rio de Janeiro y Sao Paulo procedieron a dar reversa al alza de tarifas, los marchantes reaparecieron, aumentados en número, descalificando a los partidos políticos a los que acusan de corrupción. La presidenta Rousseff, en trance de reelección, ha afirmado que los manifestantes están haciendo uso de su legítimo derecho a la protesta lo cual no ha sido suficiente para impedir que se desplomara ya 8 puntos en la favorabilidad de las encuestas.

Esta protesta, como la de Turquía y antes la de los indignados europeos y los  de Wall Street, refleja inconformidad global con los políticos y es una dura reacción a la pasividad de los gobiernos. Además, es una expresión de participación en política diferente a la habitual que no es convocada por partidos o gremios sino por las redes sociales como Facebook y Twitter, indicando que algo está cambiando ¿O todo?

Con matices, el problema es similar en todas partes y señala el divorcio entre la manera en que funciona el sistema político y nuevas realidades y sectores que no logran expresarse dentro de él. En Brasil los millones de manifestantes han gritado a los dirigentes del partido de los trabajadores  cosas como “¡Vayan para Cuba!», «¡Vayan para Venezuela» pero sería un error pensar  que se trata, apenas, de una protesta de la clase media contra un gobierno de “izquierdas”.

El rechazo a los partidos, a la corrupción, a las limitaciones fiscales y al pobre desempeño de los gobiernos ha creado estos movimientos que irrumpen intempestivamente, como una gran explosión, y pronto languidecen, lo cual, hasta ahora, es otra de sus características. Sin embargo, si el sistema político no reacciona, acoplándose a estas nuevas realidades, puede verse, en algún momento, superado por ellas. La política del siglo pasado sigue encontrando dificultades para funcionar en este.

@herejesyluis

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