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Querido presidente:
Me ha hecho falta últimamente: ¿dónde está ese Juan Manuel Santos que se la jugó por la paz?
La paz está a punto de deshacerse… Y mientras tanto usted aparece en TV diciendo que “a pesar de los vientos desfavorables, la implementación de la paz va viento en popa”.
Yo he creído en su empeño sincero en hacer la paz. Por eso lo he apoyado. Es más, considero que su terquedad en hacer la paz contra viento y marea ha sido su mayor virtud como gobernante. Y no dudo de que se hayan realizado las vías terciarias y demás acciones que usted mencionó en TV. Pero los vientos desfavorables son tan fuertes que, para sobrevivir a ellos, se requiere de su liderazgo político del proceso.
Ya el jefe de su equipo negociador, Humberto de la Calle, afirmó que se están tirando la paz, y explicó por qué. Y a esa lista de De la Calle hay que agregarle otros motivos de alarma: la captura de Santrich con fines de extradición por orden de la DEA; su decisión de morirse en huelga de hambre (ya va a completar cuatro semanas) antes de que lo extraditen; la renuncia de Iván Márquez, jefe del equipo negociador de las Farc, a su curul en el Senado pues siente que le faltan garantías, y su retiro a las orillas de la selva; la publicación en The Wall Street Journal y Univisión de que a Márquez también se lo quiere llevar la DEA, así el fiscal diga que no; el anuncio de De la Calle —antes partidario de la extradición de Santrich— de que rectifica su posición pues le parece sospechoso que ahora la DEA también quiera capturar a Márquez, y su propuesta de que, por razones de seguridad nacional, sea “la justicia colombiana la que examine a fondo las pruebas”, pues las “víctimas tienen derecho a conocer la verdad”, entre otras razones para evitar que ella “quede a la deriva como ocurrió con las víctimas de los paramilitares extraditados”; el apoyo de Vivanco, director de Human Rights Watch, al planteamiento de De la Calle; y la declaración inexplicable de su ministro del Interior sobre que la propuesta del jefe de su equipo negociador es “extemporánea, inoportuna e inconveniente”, cuando ella le brindaba a usted la oportunidad de usarla para superar esta crisis.
El país está atónito ante su ausencia, presidente… Parece como si nos lo hubieran cambiado pues, mientras todo eso ocurre, usted anda por el mundo diciendo que las autopistas de Colombia son tan buenas como las de Suiza y que el aeropuerto El Dorado es una maravilla.
Por favor regrese, presidente, cree un hecho político: diga por ejemplo que, por razones de conveniencia nacional, usted no extraditaría a Santrich ni a Márquez, aduciendo la misma razón política que esgrimió, a fines de 2015, para negar la extradición a EE. UU. de Julio Enrique Lemos Moreno, alias Nader, miembro de las Farc: afirmó entonces que extraditarlo podría entorpecer el proceso de paz.
Y eso ocurriría, con mayor razón, con las extradiciones de Santrich o Márquez: ellas minarían la confianza que aún les quede a los excombatientes y enredarían la implementación de la paz. ¡Y ni hablemos de lo que significaría la muerte de Santrich por inanición!: se tiraría la paz para siempre…
Regrese, presidente. ¡Juéguese sus restos! Conviértase en el Santos de antes… No se encapsule en la soledad del poder, como el Patriarca del Otoño. ¿Recuerda que a él sus áulicos le imprimían un periódico especial con las noticias que gustaba leer? Vuelva a ser periodista, presidente, palpe usted mismo la realidad y… salve la paz.