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Al nuevo episodio en Siria, y la eventualidad de una confrontación militar entre potencias, se suman la guerra comercial que ya empezó y una velada Ciberguerra. Aunque no se pueden anticipar desastres, las últimas pueden tener, en el corto plazo, efectos más nocivos que la primera.
El uso de armas químicas contra la población inerme es una razón suficiente para sancionar a un régimen despótico. Debería ser condenado efectivamente por la comunidad internacional, pero el Consejo de seguridad de la ONU, como muchos organismos de la posguerra, no funciona. A cambio de una decisión de la Justicia internacional “buenas” son alianzas, en este caso Estados Unidos, Francia y Reino Unido, quienes tomaron la decisión de bombardear.
La manera como la política interna y la exterior se han sincronizado para propiciar un momento crítico como el que el mundo afronta, puede ser, contrariando pronósticos, un amortiguador para reducir los riesgos de una confrontación directa y terrible Rusia-Estados Unidos que por ahora no se ve, a pesar de la retórica. Se dice que los misiles parecieran atacar, más bien, la difícil situación interna que afronta el presidente Trump en su país, en un momento en que “afortunadamente”, Putin acaba de ganar, otra vez, sus elecciones. No necesita responder tan duro para mantenerse en el poder. Otro escenario tendríamos si se hubiese producido antes de elecciones, con un electorado al que se le ha vendido la idea de que con él, y solo con él, Rusia recuperará el protagonismo “perdido”.
Los misiles, y la plantada de cara a Rusia, de alguna manera reducen en la opinión norteamericana el rumor del apoyo de Putin a la elección de Trump. La eventualidad de una confrontación convoca a una unidad nacional que no ha conseguido. No deja de sorprender que, a pocos días de anunciar el retiro de tropas en Siria, el presidente tome la opción de involucrarse militarmente, también a días de la publicación de un libro por parte del ex director del F.B.I al que despidió, en una semana en que los editoriales de los principales diarios norteamericanos arreciaron las críticas a su gobierno. Desde la oposición demócrata, se ha dicho que no solicitó permiso al congreso para atacar y que, a cambio de disparos, hace falta una política exterior más coherente.
Pero si la amenaza de una confrontación nuclear parece, por lo pronto, descartada, no ocurre lo mismo con la posibilidad de una guerra comercial: el neo proteccionismo emerge, como una gran sombra, sobre las perspectivas de crecimiento mundial. El Fondo Monetario Internacional, que apenas en julio afirmaba “La recuperación se está afianzando” y proyectaba una tasa de crecimiento mundial de 3.6% para 2018, sigue siendo optimista pero ha advertido sobre los efectos que tendría la extensión del proteccionismo. China, ahora abanderada del libre comercio, no ha respondido significativamente a la subida unilateral de aranceles decretada por Estados Unidos.
La política comercial norteamericana pareciera dando tumbos y ello genera inestabilidad en todas partes; a nadie conviene. Ni a los consumidores del mundo, comenzando por los norteamericanos que verán encarecerse los productos, ni a históricos aliados de Estados Unidos, como Colombia, también afectada por sus recientes medidas arancelarias, dejando la pregunta acerca de las razones por las que no fue eximida. ¿Serán nuestras inminentes elecciones la razón?, o ¿Será que al sur del proyectado muro nada es importante?
Por otra parte, la amenaza de una ciberguerra tiene, luego del Brexit y las elecciones norteamericanas, elementos muy concretos: La Rusia de Putin parece tomar la delantera en la utilización política de aplicaciones y Software. Muchas voces señalan hacia su territorio como la gran fábrica de noticias falsas. Por lo pronto no se puede dejar de contar con ese hecho, pero, de continuar la tendencia, ¿cómo influirá en nuestras vidas en el futuro? Será más complicado que el uso de la información privada para fines comerciales y electorales, seguro.
En tiempos de recuperación económica y en un 2018 que parecía esperanzador, tenemos ahora tres guerras. Oscuro clima, como el de Bogotá por estos días.