Una comparación entre la situación en Bogotá y el Valle de Aburrá

La calidad del aire no entiende de reglamentaciones

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Por: Rodrigo Suárez Castaño*

Estamos a escasos meses que termine la transición que el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible dio para la entrada en vigor de la Resolución que adoptó la nueva norma de calidad del aire, decisión que sin duda estaban esperando los pulmones de todos los colombianos y en especial aquellos que viven en los centros urbanos.

Este ha sido un importante paso y nos deja a niveles muy cercanos a los de otros países de la OCDE, lo cual es una buena noticia, dado que el material particulado no diferencia los pulmones de diferentes razas, regiones o nacionalidades.

El aire no entiende de reglamentaciones, porque los niveles de contaminación van en aumento. Bogotá y el Área Metropolitana del Valle de Aburrá (AMVA) recientemente declararon niveles de atención por contaminación.

Revisando con detenimiento las declaraciones de las dos regiones, las características del clima y atmósfera tienen una fuerte responsabilidad, para determinados periodos del año. Pero también existe una gran responsabilidad asociada a las emisiones por las fuentes fijas y móviles, lo que permite inferir que muy posiblemente la gestión para atender la problemática puede ser similar.

Frente a lo anterior, resulta interesante revisar el marco de actuación de las dos autoridades ambientales, para identificar posibles coincidencias, y aprendizajes entre una y otra, para otras autoridades ambientales de grandes centros urbanos.

En primera medida, es importante mencionar que las dos regiones cuentan con un instrumento de actuación a largo plazo, que para el caso de Bogotá es el Plan Decenal de Descontaminación del Aire, documento propositivo, visionario y a hoy desactualizado y más bien poco implementado. Por otro lado, en el caso del AMVA cuentan con el Plan Integral para la Gestión de la Calidad del Aire (PIGECA), documento igualmente, visionario, propositivo, recientemente actualizado y en proceso de implementación. Los dos planes, muestran procesos participativos para su implementación, sin embargo, mientras que uno de ellos recibe material particulado sobre su lomo y portada, para el otro está conformando el comité de gestión con el fin designar responsables, definir plazos y resultados.

Por otro lado, las dos regiones cuentan con redes de monitoreo de la calidad del aire, que permiten ver claramente como con el tiempo han venido actualizándose y migrando a procesos mas automáticos y acordes con los requerimientos actuales de los parámetros que están en el aire.

Igualmente, en las dos regiones, se observa el proceso virtuoso del trabajo conjunto con las universidades locales; quizás en el caso de Bogotá menos constante y continuo. Frente a los lineamientos para la atención de los niveles de prevención, alerta y emergencia, definidos ya hace mas de 20 años, el AMVA cuenta con un plan claro, reglamentado, con funciones y acciones para las diferentes entidades que hacen parte de los 10 municipios que la componen, plan denominado “Plan Operacional para Enfrentar Episodios de Contaminación Atmosférica”. Mientras que para el caso de Bogotá el proceso está mas a través de la implementación de acciones.

Frente a las acciones para atender los niveles anteriormente mencionados, si existe una enorme diferencia; en el caso de Bogotá acciones voluntarias, en el AMVA obligatorias. Dentro de las medidas propuestas por Bogotá está la eco-conducción, no realizar asados con carbón o madera, optar por el teletrabajo y barrer en húmedo entre otras. Para el caso del AMVA, las medidas definidas son la restricción en la circulación de fuentes móviles tanto para vehículos particulares, camiones y volquetas y motos de dos y cuatro tiempos, con restricciones adicionales asociadas al año modelo del vehículo. Lo anterior dan señales claras que en el primer caso los resultados de la reducción de la contaminación no están cercanos a la realidad de la región ni de sus emisiones, mientras que, en el segundo caso, son el resultado de procesos de modelación de las características de la región de sus emisiones y de sus fuentes de emisión.

Sin embargo, la mayor diferencia frente a la gestión de la calidad del aire, esta en la intención, la articulación y el propósito común de gestionarla.

En el caso del AMVA, sin desconocer que algunos de los sectores productivos encuentran dificultades y observaciones a lo propuesto bien sea en los instrumentos de corto y largo plazo, hay un interés en acompañar a la región. Mientras que otros empresarios aceleran la movilidad eléctrica y encuentran nuevas oportunidades y coherencia con la región. Las autoridades ambientales, de movilidad, entre otras, en el marco de sus funciones avanzan a su ritmo sobre las líneas trazadas por los planes de gestión de la calidad del aire.

Los colectivos y fundaciones ambientales, algunos con mensajes no tan propositivos, mientras que otros si arremangados y trabajando hombro a hombro para acompañar la región y las autoridades.

La comunidad, aunque algunos de ellos escogen el atajo y la trampa; y tapan en algunos casos las placas de sus vehículos para evitar que las cámaras los identifiquen mientras infringen la ley, en general acatan las medidas. Lo anterior, no significa que no quede mucho por recorrer.

Mientras que, en el caso de Bogotá, como lo refería célebremente una personalidad, el proceso se hace del mismo modo y en el sentido contrario, situación que por lo expuesto anteriormente genera mayor dispersión, pero en este caso, de la intención, articulación y la gestión.

Lo anterior sin querer mencionar las decisiones tomadas por las Alcaldías de Bogotá y Medellín, en donde el parque automotor de los sistemas de transporte masivo será eléctrico en el primer y para el segundo caso solo un bajo porcentaje.

Por todo lo anterior, considerando que nuestra institucionalidad ambiental es en la mayoría de los casos paternalista, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, podría en el ejercicio de sus funciones desarrollar mesas de trabajo que reúna a las principales ciudades del país y promover el intercambio de experiencias exitosas y así agilizar la gestión de la calidad del aire en las principales ciudades de Colombia, para que así en un futuro cercano, las medidas que se tomen en las autoridades ambientales de los grandes centros urbanos, tengan mejores resultados y estén acompañadas de la comunidad, la academia, el Gobierno Nacional, entre otros.

* Ex director de Cambio Climático del Ministerio de Ambiente rsuarez@caiaingenieria.com

@RodSuarezCa

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