Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
En la edición del 3 de abril de 2018, El Espectador informa que en la Comisión Séptima del Senado se hará el penúltimo debate del proyecto de ley 272, el cual busca que las residencias médicas sean remuneradas. A un paso de ser ley, los médicos por fin se han unido para apoyar un proyecto que es justo y absolutamente necesario. Hago memoria. Hace 50 años, los médicos internos y residentes en todos los hospitales universitarios devengábamos sueldo, escaso sí, pero nuestra labor era remunerada. En el hospital San Juan de Dios o La Hortúa nos propusimos solicitar un incremento de ese salario que era y sigue siendo justo en todos los países del mundo. Se solicitó a las directivas hospitalarias y universitarias que el aumento del salario para los médicos graduados fuera reconocido. Los emolumentos en esa época eran bajos, pero los había: los médicos internos teníamos un salario de $100, del cual se deducía algo y el saldo final era de $70 aproximadamente.
En la clínica Santa Rosa, de la Caja Nacional de Previsión, un médico interno devengaba $500, que en ese entonces era un salario apetecido. Dos años después, la Asociación de Médicos Residentes e Internos logró que se incrementaran los salarios con un movimiento huelguístico. La educación médica en todos los países, excepto en Colombia, es remunerada, y donde los salarios han sido y siguen siendo más altos es en los Estados Unidos. Por lo tanto se propició una “fuga de cerebros”, como se calificó popularmente la emigración de profesionales. Tampoco existía ningún proyecto de ley para evitar dicha migración ni existía ningún aliciente para retornar. “Váyase y no vuelva”, era la despedida cuando emigrábamos. Luchando por el retorno, y con la colaboración de verdaderos políticos diplomáticos colombianos, luchamos por demostrar que ese retorno era conveniente para el país. “El retorno de profesionales: Una necesidad o un inconveniente” fue una producción televisiva de médicos colombianos en el exterior elaborada en Pittsburgh, Pennsylvania, con el apoyo de la Hillman Library de la Universidad de Pittsburgh cuando el doctor Guillermo Borrero Aragón dirigía esa dependencia universitaria y con el apoyo del entonces embajador de Colombia en Washington, Rodrigo Escobar Navia, y posteriormente con el también embajador Julio César Turbay Ayala. Esa producción fue transmitida en Bogotá por la productora RTI.
Por acción de políticos, y cuando se aprobó la autonomía universitaria, se aprovechó la coyuntura para decidir que las residencias universitarias fuesen pagadas por el aspirante a especializarse. De allí en adelante se implantó la modalidad de que no se pagase salario a un profesional que como tal lo debía recibir, sino que el profesional, endeudándose con el Icetex o sostenido por su familia, pagase sumas exorbitantes a las universidades. Hasta hoy, esa injusticia se mantiene, la migración de profesionales médicos continúa y además la Reforma de la Salud, la Ley 100 de 1993, ha fomentado el exabrupto que por fin parece terminará en este período que le queda aún a este Congreso.
Por fin se logra la entusiasta unión de los directivos del gremio médico, de los estudiantes y médicos residentes e internos, del médico senador Roy Barreras y la ponente de ese proyecto, la representante Sara Helena Piedrahíta Lyons. Un chiste que dicen define a los médicos, “donde hay un médico hay un caballero, pero donde hay dos hay bronca”, dejará de escucharse.
Héctor Chamorro Revelo. Bogotá.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.