Fajardo brilló

Santiago Villa
10 de abril de 2018 – 12:45 a. m.

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Hace poco menos de un mes publiqué una columna titulada «Fajardo se está hundiendo solo». Desde entonces Sergio Fajardo ha cambiado. En el último debate brilló.

No fue un buen escenario para Fajardo el lamentable debate de Teleantioquia, que a causa de las confusas reglas para el sorteo de preguntas y respuestas, y los agresivos pitidos advirtiendo el fin del tiempo, parecía más un concurso de televisión que un evento de deliberación política. 

Durante sus respuestas se perdía en una maraña que realzaba lo particular y no ofrecía una visión global de su proyecto. Su tono era demasiado suave y poco convincente. Parte de este problema se debió a factores que no dependían enteramente de él, como la atroz producción de Teleantioquia, que mantuvo prendidos todos los micrófonos de los candidatos, de forma que varias veces durante las respuestas de Fajardo, se escuchaba un mugido («Mmmmph») que no era claro si venía de Iván Duque, Gustavo Petro o de Germán Vargas Lleras. En un escenario tan competitivo como lo es un debate presidencial esto le restaba, por efecto de asociación inconsciente, credibilidad a sus respuestas.

El debate de la Universidad del Norte, en cambio, les permitió a los candidatos más tiempo y menor aleatoriedad en el orden de sus respuestas. Lo que fue incluso más importante, les permitió debatir y fue posible contrastar posiciones. Fajardo, que podría pensarse es menos apto para la confrontación directa y la presión del público, tuvo un magnífico desempeño en el escenario más difícil hasta el momento. Confrontó sin atacar y lució lo que quiere realmente decir ser un candidato de centro, que es capaz de reunir posiciones y hablar con diferentes polos del espectro.

En la pregunta sobre cómo mejorar la economía, los candidatos que le precedieron, Iván Duque y Germán Vargas Lleras se limitaron a repetir la fórmula de cualquier candidato de derecha: menos impuestos y menos Estado. Fajardo pudo articular la importancia de la educación en su plan económico y en los de desarrollo regional.

He visto muchas entrevistas con Fajardo, pero en ninguna sentí una particular conexión emocional con su propuesta de país. A veces incluso era un tanto vaga dicha propuesta. A menudo debía racionalizar o dar un salto de fe. No fue así con las intervenciones del segundo debate. En ellas hubo un Fajardo visceral.

Se le vio plenamente convencido y entusiasmado con su propuesta. Eso se trasmite al auditorio. La pasión y la convicción son igual de importantes a las ideas cuando se está compitiendo en una democracia electoral, que exige tan altas dosis de carisma y popularidad. 

Este es el Fajardo que podría ganar las elecciones. 

Twitter: @santiagovillach

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