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AL CONTEMPLAR LA CORRUPTELA que precedió la aprobación del referendo reeleccionista, pienso que habría que haber tenido la lucidez de Jaime Garzón para pronosticar en los 90, como él lo hizo, que Álvaro Uribe podría convertirse en dictador.
Cuando en 2000, antes de su primera elección, entrevisté a Uribe y viajé con él al Chocó y a Medellín para observarlo y escribir un perfil suyo, concluí que era un líder brillante; un ser especial que reunía las contradictorias características de estadista minucioso y de hábil manzanillo; que se convertiría en un fenómeno político; pero de quien me distanciaba un abismo ideológico. Recuerdo que al regresar de la gira, ese comentario se lo hice a varios amigos, y les agregué que me había maravillado la inteligencia de ese hombre de quien, en ese momento, predije que sería el futuro Presidente. Por esa razón, ahora me parece imposible que esa misma persona cometa tantas torpezas: ¿cómo puede tan hábil político, que iba a pasar a la historia como uno de los presidentes que más huella dejó en el país, no darse cuenta de que su nombre figurará en nuestros anales como el de un hombre ávido de poder, quien en lugar de abrirles camino a sucesores suyos que continuaran sus programas, fue corriendo la cerca y traspasando los límites éticos y legales para perpetuarse, él, y sólo él, en la Presidencia, y arriesgarse a salir un día de ella (vivo o muerto) luego de haber sido atacado por todos los flancos, ultrajado, vilipendiado, convertido, si no en un hazmerreír, por lo menos en una afrenta para la democracia de Colombia? ¿Cómo Uribe no se da cuenta de que a quien menos le conviene la reelección es a sí mismo? ¿Por qué se arriesga a figurar en la historia del mundo como otro Fujimori, como un dictadorzuelo, procesado tal vez, y no como el presidente que cambió a su atormentado país? Es que eso es lo que sucederá si él logra reelegirse, como todo indica que va a intentar hacerlo, no importa que, para conseguirlo, tenga que apelar a los más aberrantes métodos. (Ya, según El Nuevo Siglo, la ley de referendo tiene doce vicios de forma y de fondo, que van desde anomalías en la recolección de firmas y en la conciliación de su texto, hasta violación de los topes de aportes financieros individuales y modificación ilegal de su contenido).
¿No se da cuenta el Presidente de que si se hace elegir para un tercer período, lo más probable es que lo tumben los escándalos y que la corrupción lo envuelva porque es una verdad incontrovertible que el poder corrompe y que, mientras mayor sea y más dure, más probabilidades tiene de que se corrompan él o los suyos? ¿Uribe no meditará, por ejemplo, sobre que, para esta campaña, esa bandera contra la corrupción y la politiquería, que tanto influyó en su primera elección, ahora le quedaría imposible enarbolarla? Lo lógico sería que un hombre inteligente como él pensara en todo lo anterior… A no ser que tuviera razón el candidato Sergio Fajardo, quien ha dicho que cree que el Presidente, una vez aprobado el referendo, le dirá al país que, a pesar de tener la opción de reelegirse, no lo hará. Si ello ocurre, seguiré creyendo que Álvaro Uribe es inteligente… Sólo que su empeño en demostrarlo le habrá costado al país decenas de miles de millones de pesos que se habrían invertido, por ejemplo, en mejorar la pobreza, en lugar de malgastarse en el innecesario y desgastante proceso de referendo reeleccionista. ¿O se nos habrá embrutecido el Presidente?