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¿DESCANSAREMOS UN POCO DE Chávez, Correa, y Uribe? En el caso de Colombia, ojalá el Presidente haya aprovechado su forzada quietud para darse cuenta de que trabajar, trabajar y trabajar no le ha servido mucho en lo social y ni siquiera en seguridad.
Nuestro apasionado subcontinente tiende nuevamente a adjudicar culpas, efímeros triunfos y fracasos a las personas y no a las instituciones. Pero no es casualidad que el presidente del Brasil hiciera la adecuada intervención que le puso fin a tanto cotorreo de sus colegas. A diferencia de casi todos los demás países, Itamaraty, es decir, el equivalente a nuestra Cancillería, es una sólida institución.
En cambio, los tres caudillos son la política exterior de sus países. Por eso fue nuestro Presidente, muy aficionado al show mediático, quien propuso —y no se nos olvide— que se transmitieran las intervenciones en directo.
Para citar sólo el caso de Colombia, fue además aberrante cómo la mayoría de los enviados especiales y analistas se sintieron en la obligación de recalcar sólo los “triunfos” del Presidente. El trofeo se lo ganó Alfredo Rangel, en el canal institucional. Eso no es ni intelectualismo, ni patriotismo; es distorsión de la opinión por parte de una supuesta academia.
En televisión, Dora Glottman (a quien no conozco) es una de las pocas redactoras internacionales equilibradas que tiene este país ombliguero. Ojalá sirviera de modelo el delicado y muy difícil balance de sus notas internacionales sobre el conflicto árabe israelí que, supongo, la toca de cerca.
Pero volviendo a nuestro agripado Presidente, dos favores: que después de haberse tirado la institucionalidad del país, no nos ponga cara de salvador; y que en el resto del período, no pretenda resolver solito, para efectos electorales, el desempleo, la desigualdad, la pobreza, la impunidad, el desplazamiento forzado, la desprotección de los Awá, la liberación de los secuestrados, la dramática situación económica en las fronteras y tantos otros desastres que abruman a Colombia.