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“Queremos que la productividad bananera pase de las 2.300 cajas por hectárea”, declaró el candidato Iván Duque durante el exclusivo debate presidencial organizado por la Asociación de Bananeros de Colombia, Augura. Haciendo eco de su programa político, afirmó que “el talento musical, gastronómico y deportivo de Urabá la hace óptima para la consolidación de la llamada economía naranja o creativa”.
“Augura”, producto de la asociación de 43 empresas de ganadería y banano del Urabá en 1963, solo convidó a dos candidatos al evento. Así, además de Duque, el candidato de derecha uribista, fue invitado Germán Vargas Lleras, el otro candidato de derecha. Este último aprovechó su intervención para hacer una crítica a la Agencia Nacional de Tierras que, según dijo, está “cometiendo muchos abusos”. “La propiedad privada es quizás el principal elemento de los pilares que he propuesto. Llevaré la próxima semana al Congreso la nueva Ley de Tierras, que espero se pueda debatir en el próximo gobierno”, concluyó.
Productividad en términos de guineo, cultura y deporte por un lado, certezas en lo que respecta al orden público y el respeto al latifundio por el otro. Las propuestas de ambos candidatos nos hacen una invitación a imaginar el futuro de la región (invitación que bien vale la pena cotejar con el pasado reciente). De acuerdo con datos oficiales sobre la financiación de grupos paramilitares en la zona bananera, los recursos económicos para el sostenimiento del frente paramilitar Árlex Hurtado durante el período comprendido entre los años 1996 y 2004 provinieron de diferentes sectores, no exclusivamente ilegales (narcotráfico o contrabando), pero también los sectores legales bananero y ganadero. Con estos fondos se cubrían gastos de “incorporación de personal, nómina, dotación de material de campaña, combustible, viáticos, etc”. Con estos fondos, que aseguraron los materiales para la guerra, arreció la injusticia en el Urabá. Entre 1997 y 2003 en la región se produjeron cerca de 3.000 homicidios, hubo alrededor de 60.000 desplazados, se cometieron 62 masacres (y se expandieron los grupos paramilitares por todo el país).
Fue también en este final de la década de 1990 que la revista Semana habló de las intervenciones en Urabá del entonces gobernador de Antioquia y actual mentor del candidato Duque. Estas, reportó la revista, “le han valido la oposición de las organizaciones de los derechos humanos y el respaldo incondicional de agricultores, ganaderos y empresarios como Alberto León Mejía, presidente de Uniban, importante empresa exportadora de banano”. “Álvaro Uribe es un hombre convencido de que la pusilanimidad medio ingenua de muchos líderes no ha servido sino para fortalecer a los violentos, y ha decidido asumir actitudes recias y transparentes”, celebró Mejía.
Y no se trata únicamente de poner las propuestas del candidato Duque, sus palabras sobre economías naranjas y exportación de bananos, en el contexto más amplio de los legados devastadores de la doctrina uribista en la región. Se trata también de pensar y oír con cuidado las intervenciones de Vargas Lleras, baquiano de la política nacional, para llamar la atención sobre sus convicciones. Hoy apacigua a los empresarios bananeros insinuando frenos futuros a la restitución de tierras. Prometiendo solapadamente la continuidad en las divisiones del trabajo, los ingresos y las tierras. ¿Por qué no? Si hace apenas un año logró sabotear el Acto Legislativo creador de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Consiguió excluir de la JEP a los financiadores del paramilitarismo, asegurándoles tranquilidad perpetua.