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Decenas de sus seguidores acudieron a acompañarlo en su intento por demostrar que no dejaría que le arrebataran su propio estado. Pero ya la caída había sido profunda. En cuestión de ocho meses, según la encuesta de Rassmussen Track, McCain pasó tener en Arizona una ventaja de veinte puntos en abril, a una de seis en la víspera electoral.
En la oficina central de conteo de votos tempranos (800 mil en total que empezaron a ser contados por las máquinas desde el sábado), el demócrata Ted Bloom, observador demócrata del proceso, reconoció que toda su familia, seguidora tradicional del veterano piloto, votó por Barack Obama: “ellos consideran que ya es tiempo de cambiar, necesitan algo diferente de lo que viene sucediendo en los últimos años”.
Otra fracción del aproximadamente millón quinientas mil personas que salieron a votar en la jornada de ayer en el condado de Maricota, en el centro de Phoenix, no se resignaba a dejarle el estado a los demócratas. Vida Ciocov, una anciana inmigrante rumana, nunca dudó en depositar su voto por McCain: “Creo Dios”, dijo con un inglés escueto, “y no me gusta matrimonios homosexuales, Dios no gusta esto”. Otro, votante, original de Chihuahua escogió a Obama porque era “el mal menor, ya que ninguno de los dos candidatos está a la altura de esta crisis”. Añadió, sin embargo, que le molestaba que el país estuviera detrás de un “candidato simplemente porque quiere el ‘cambio’”.
Fue un día agitado para los habitantes de esta ciudad, muchos de los cuales esperaron hasta una hora en fila, a la entrada de los 1.142 sitios de votación del condado, para depositar su voto. Otros cuantos se escaparon de su trabajo a media mañana, y se les vio durante todo el día entrar y salir a paso apresurado de las escuelas e iglesias adecuadas como sitio de votación.