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En la página internacional de El Espectador del 20 de mayo encontramos una noticia muy alentadora y relacionada con la descriminalización de las drogas, como un paso vital que permita terminar con el horror del tráfico, contrabando y muerte que se deriva de esta situación sufrida no sólo por Colombia y México, sino por otros país de diferentes continentes.
Es interesante conocer la experiencia de un país como Portugal, un pueblo discreto y encantador, porque se tiene un primer referente sobre la realidad del narcotráfico que envuelve a una población vulnerable y que parecía indestructible. Su vivencia demuestra que es posible tomar una decisión sobre el manejo de este problema, y aunque el resultado no sea inmediato, con constancia, transparencia y ética por parte de los entes gubernamentales, el esfuerzo colectivo puede percibirse en algún momento.
Portugal da un primer paso en el año 2001 y sólo hasta ahora se viene a reconocer los resultados satisfactorios que han dejado la decisión de descriminalizar la droga. Aquí en nuestro país han sido numerosas las voces que claman y reclaman por la legalización de la droga, como el mejor mecanismo para acabar con todo ese carnaval de balas, sangre y muerte. Pero el moralismo puede más que el dolor de miles y miles de víctimas a través de décadas.
Lo más alentador de la noticia es saber que naciones como Alemania, Reino Unido y España estudian esta experiencia; es decir, le están parando bolas a una experiencia de un país que no es una potencia económica, pero que da muestras de independencia cuando de salvar al pueblo se trata, pues la cuestión se centra en las personas comunes y corrientes que han caído en las garras de cualquier estupefaciente y lejos de encarcelarlas han preferido sugerir tratamientos para superar la adicción. Pienso que es un poco parecido a la pedagogía de Antanas Mockus y que ahora tanto se extraña.
Afirma con claridad el cronista: “Y tras el fracaso del enfoque criminal, el gobierno determinó que no había otra opción que descriminalizar el consumo”. De tomarse esta determinación con franqueza y decisión política, muchos pueblos podrían acceder a un nuevo aire en su desarrollo para mejorar las condiciones miserables de vida actuales.
Ana María Córdoba Barahona Pasto.
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