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“Ascuas y azufre”, un montaje original del dramaturgo Juan Diego Arias, bajo la dirección de Diego Barragán, exhibe las costumbres del sistema judicial colombiano con una dosis concentrada de ironía y humor. La obra se presenta en la sede del centro del Teatro Libre (Bogotá).

El montaje “Ascuas y azufre”, del Teatro Libre, cuenta con la dirección de Diego Barragán y la asistente de dirección de Adriana Marín. /Teatro Libre
El montaje “Ascuas y azufre”, del Teatro Libre, cuenta con la dirección de Diego Barragán y la asistente de dirección de Adriana Marín. /Teatro Libre

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Ascuas y azufre resume en algo más de hora y media algunas de las costumbres más tradicionales, y al mismo tiempo menos legales, del sistema judicial en Colombia. Material para inspirarse abundaba en los tribunales, las cortes y los juzgados, pero lo más conveniente era centrarse en un caso específico y empezar a enriquecer su desarrollo con algunas prácticas que caracterizan esta rama del ámbito nacional.

El dramaturgo colombiano Juan Diego Arias, quien estudió literatura en la Universidad de los Andes y en la actualidad es profesor de historia del arte en el Departamento de Arte Dramático de la Universidad Central, es el creador de esta pieza que entra a hacer parte del generoso abanico que tiene para exhibir el Teatro Libre, no solo como escenario para la exhibición de historias dramáticas sino como gestor de propuestas que promuevan la reflexión social.

Arias confiesa que su intención inicial era elaborar un relato que tuviera la capacidad de entretener al público. La diversión en los últimos años se ha relacionado con el facilismo, con la falta de estructura, pero el dramaturgo quería romper el molde y plantear de entrada una pieza inteligente que reivindicara el entretenimiento como forma genuina para comunicarse con los otros seres humanos y transmitir mensajes.

En la exploración del divertimento como fórmula teatral, la obra Ascuas y azufre se adentra en el humor, la ironía, el sarcasmo y la exageración como recursos para mostrar en el escenario algunas prácticas poco éticas, dolorosas para Colombia, pero que con el bálsamo de la irreverencia logran seducir el pensamiento más allá de la obviedad. El entretenimiento le hace un guiño a la reflexión y entre ambas se crea una relación particular.

“La obra no tiene un plan político definido ni da una respuesta única o una solución a una problemática que involucra la justicia, la corrupción y demás prácticas cotidianas en Colombia. Solo la plantea e intenta mostrarla desde distintos puntos de vista”, dice Juan Diego Arias, quien se inspiró en un acto puntual para elaborar el libreto: dos personas en apariencia honestas se reúnen para hacer algo indebido.

En el montaje Ascuas y azufre, los personajes principales hacen todas las maromas posibles para encontrar los puntos débiles de un oponente. Durante el transcurso de la obra, los espectadores se enteran de que una constructora importante llamada Luis Ernesto Bautista y Compañía está involucrada en la muerte de siete personas que invadieron uno de los lotes que la firma está interviniendo.

Con el paso de las escenas, va creciendo el protagonismo del doctor Ulloa, un abogado prestigioso que está dispuesto a poner en práctica todos los mecanismos legales, y otros que están en el subsuelo de cualquier diligencia judicial, para que la empresa Luis Ernesto Bautista y Compañía continúe teniendo una hoja de vida pulcra y el escándalo no llegue a los oídos de la opinión pública.

Para acelerar los trámites, el abogado Ulloa, dejándose llevar por su experiencia en los tribunales, decide visitar en su despacho al fiscal Alberto Gálvez, quien tiene el caso de la constructora en su poder. Con inteligencia lo va envolviendo en su discurso sin darse cuenta de que Gálvez tiene realmente el juego en su poder y empieza a aplicar la célebre frase nacional que reza “el vivo vive del bobo”, y le saca provecho a su ventaja. Así, el fiscal va manipulando las cosas y somete al abogado empleando amenazas físicas y mentales.

La dramaturgia de Juan Diego Arias cuenta en Ascuas y azufre con la dirección de Diego Barragán, la asistencia de dirección de Adriana Marín y los diseños de Wilson Peláez y Marcos Roda. Este colectivo le ayudó al creador de la pieza a solucionar dos interrogantes que tenía desde el núcleo de la idea: ¿cómo se soborna a un fiscal acostumbrado a la corrupción?, y ¿qué ocurre si el fiscal se aburre de los convencionalismos y aprovecha una entrevista con un abogado para jugar con él?

Ascuas y azufre representa también el regreso a los escenarios del Teatro Libre de Jorge Plata, cofundador de la compañía y uno de los actores emblemáticos de las artes escénicas en el país. Él en esta propuesta se encarga de encarnar al abogado Ulloa, pero en su actividad artística figuran adaptaciones de montajes como La Orestíada y La comedia de las equivocaciones, además de ser el director del Departamento de Arte Dramático de la Universidad Central, en convenio con el Teatro Libre.

El rol del fiscal Alberto Gálvez corre por cuenta de Jeyner Gómez, uno de los alumnos aventajados de la escuela del Teatro Libre y quien ha participado en diversas propuestas de Misi Producciones, como Oliver, La más grande historia jamás cantada y el Tributo a Michael Jackson.

Este montaje está en temporada hasta el 28 de mayo para divertir y, acto seguido, motivar la reflexión.

Ascuas y azufre. Funciones: jueves, viernes y sábado, 7:30 p.m. Teatro Libre, sede centro, calle 12B Nº 2-44). Información y boletería: 593 6300 y www.tuboleta.com.

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