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El especial que le dedicó El Espectador del domingo al retrato de Shakespeare fue espléndido.
Tanto el largo recorrido de Abad por la relación entre pintores y escritores, desde Góngora hasta Picasso, como la columna de William Ospina. Este gran cubrimiento cultural vino a compensar, por lo menos en parte, la ausencia de la página de libros de los viernes. Quisiera simplemente aportar un pequeño complemento. Se podría incluir en esa especie de “arqueología” del retrato nada menos que a El retrato de Dorian Grey de Wilde que comparte la escena con En contravía de Huysmans y De sobremesa de Silva. Tres novelas de “artista” bucólico en el decadente final del siglo XIX.
Esas tres novelas se unen por un hilo conductor que pasa necesariamente por los famosos “martes de Mallarmé” en París. Allí se juntaron un par de veces Wilde y Silva. Ojalá Gustave Moreau hubiera hecho un retrato de esos dos dandis tomando ajenjo, mientras escuchaban los poemas de Mallarmé. Eso sí que hubiera sido un “barco ebrio” II. En el caso colombiano, también podríamos construir una galería con autores como Roda, Obregón y Luis Caballero, alrededor de autores como Hernando Téllez, Cepeda Samudio y Luis Cernuda.
José Fernández. Bogotá.
La Corte y la política
Es vergonzoso ver el espectáculo de la Corte, que en lo que va del año ya lleva más de 50 salas (reuniones) y no ha podido elegir el nuevo presidente, y el argumento principal es la falta de consenso. Pero me pregunto: ¿consenso de qué? ¿Es que acaso la Corte también es politiquera, como lo ha demostrado también serlo el Consejo de Estado y el Consejo Superior de la Judicatura? ¿Será que la prensa se resistirá todavía a creer que la Corte, como ente del Estado, también está llena de los vicios que han llenado al Estado, y que eso de mostrarse como perseguida por el Ejecutivo es una cortina de humo para no mostrarse también clientelista y politiquera? Los magistrados ahora viven pendientes de los puestos que el Gobierno les pueda ofrecer, y por ello asumen posiciones partidistas. Por ello no es sano entrar a defender una institución que ha mostrado estar por debajo de las expectativas tanto patrias como del mundo. ¿Y todo por qué? Por la famosa paridad política, que aunque desapareció de nuestro derecho, aún sigue en las mentes de los políticos de vieja guardia, como algunos magistrados y abogados que desean estar debajo de la Constitución de 1886 y no la del 1991.
Óscar Fernando Amado Garrido. Pereira.
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