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Nombramientos del Procurador

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El Espectador del domingo pasado fue un ejemplar de colección.

Magnífica labor editorial y de investigación en torno a temas diversos, tratados con profundidad. Aunque parezca paradójico, quiero referirme a una de las notas más cortas, que no obstante, no debería pasar desapercibida. Alto Turmequé nos informa que el ultracatólico procurador Alejando Ordóñez “nombró en alto cargo a Ilva María Hoyos, cercana al Opus Dei”. Conviene recordar una de las consignas fundamentales de Escrivá, el fundador del Opus Dei: “-Obedecer…, camino seguro. -Obedecer ciegamente al superior…, camino de santidad. -Obedecer en tu apostolado…, el único camino: porque, en una obra de Dios, el espíritu ha de ser obedecer o marcharse”. ¿Esa será la tarea de Ordóñez y Hoyos?

En un diálogo entre el médico y el capitán, en la película El laberinto del Fauno, éste último increpa al primero por no obedecerlo y el médico le responde: “capitán, es que obedecer, así como así, por obedecer, sólo lo hace gente como usted”. Al segundo siguiente el capitán le dispara por la espalda.

Paralelo a esta noticia, Juan Gabriel Vásquez nos recuerda la complicidad de la iglesia católica (aún hoy) con el nazismo. Yo le agregaría con el fascismo en general y hacia allá se dirigen mis palabras. No hay que olvidar que el Opus Dei siempre fue la vanguardia moral y el respaldo inescrupuloso del franquismo en España. Me parece que este comentario podría leerse también como un complemento a la columna de Abad, sumándome a una campaña por el “desenmascaramiento” de los “neocons” o “neoconservadores”.

 Pedro Escudriñez. Chiquinquirá.

Laberintos de la palabra

Sigifredo López, recién liberado, escribe en la sección Crónica de El Espectador (domingo 22-II-2009), “quiero escribir, siempre lo he querido, lo que pasa es que me extravié en los laberintos de la política”. Me conmueven sus palabras y la entrevista que le hace El Espectador a Saramago. Es un contraste macabro comparar esta nota con la “exhumación” de los restos “literarios” de Hitler. Quiero, modestamente, recomendarle al diputado López un gran libro del escritor argentino Ricardo Piglia, titulado Respiración artificial. Allí él, y los lectores, podrán ser testigos de un encuentro entre un joven Adolf y un viejo Franz… En esos fugaces momentos compartidos en un café de la Viena de la “Belle Époque” se jugaba ya el destino del siglo XX. Piglia se refiere a Franz Kafka, ese que “es el equilibrista que camina en el aire sin red, y arriesga la vida tratando de mantener el equilibrio, moviendo un pie y después muy lentamente el otro pie, sobre el alambre tenso de su lenguaje. Joyce era un hombre diestro, no cabe duda; Kafka, en cambio, no era diestro, era torpe y se convirtió en un experto de su propia torpeza”. ¿Y el joven Adolf…? Es el mismo “fracaso aprendiz de pintor”, desertor del ejército en su juventud y luego Führer.

 Paul Von Leopold. Bogotá.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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