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Reinserción en carnaval

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EL CARNAVAL DE BARRANQUILLA es un espacio antropológico donde nos damos cita para encontrarnos, aceptarnos, reflejarnos en el otro, tomarnos el espacio público, manifestar nuestro orgullo de mestizos, hacerle honor a nuestras expresiones culturales y folclóricas tradicionales, admirar a las nuevas que crea el ingenio local y hacer catarsis conjunta y, durante cuatro días, volcarnos en la celebración de la vida, para sentirnos en pie de igualdad, aunque no es cierto que desaparezcan las diferencias de clase.

Esa vocación y esa actitud conllevan mucho jolgorio, rumba corrida, enharinarse, beber como cosacos, mamar gallo todo el día y disfrazarnos, cada quien con su particular forma de carnavalizarse. Nos dedicamos a ello con total entusiasmo y sin esfuerzo y de esos cuatro días inigualables es posible que surja el espíritu de concordia y la relativa paz que se vive en la ciudad durante todo el año. No es que no tengamos violencia y dificultades: existe violencia de muchas formas, especialmente intrafamiliar, y es complicada la convivencia pacífica. Pero todavía se puede afirmar que Barranquilla, aún y a pesar de sus urgentes necesidades y de su caos, sigue siendo una especie de ínsula de paz, donde barranquilleros, desplazados y reinsertados hacemos un ejercicio espontáneo no agresivo para sobrevivir.

Prueba de este fenómeno es que hoy en la Batalla de Flores desfila una danza de Congo integrada por 80 reinsertados: ex guerrilleros y ex paracos, todos a una, se colocarán su uniforme de tradición y saldrán a mostrarse, disfrutar y compartir. Esa iniciativa de la oficina local de la Alta Consejería para la Reintegración es una muestra de lo que aquí logramos y debería ser ejemplo a seguir por otras comunidades que, como la nuestra, reciben a diario a personas que abandonan las armas y la guerra en busca de la civilidad.

No creo que vayan a ser insultados ni chiflados: ya tuvimos un año una comparsa de reclusos de la Cárcel Modelo y era una maravilla escuchar los aplausos que recibieron y cómo se comentaba la importancia de que a estas personas, automarginadas por el delito, se les permitiera su momento de gloria y reintegración a la sociedad.

Siento que hoy será lo mismo, que el público sabrá apreciar el esfuerzo de estas personas y los acogerá como parte del espectáculo carnavalesco, y al hacerlo, por ser nuestra fiesta mucho más que una rumba, los estarán acogiendo también en el seno de la sociedad. Gesto y disposición que en todo el país deben imitar, permitiéndoles el trabajo, la socialización y el reencuentro con la vida, donde la palabra reemplaza al plomo. Lo necesitan ellos y lo necesitamos todos o esta maldita guerra no parará nunca. Y esta vez sería porque no les hemos permitido ser personas normales, el común de la gente. El estado está cumpliéndoles, no cabe duda, hay toda clase de apoyo, seguimiento y financiación, somos nosotros quienes estamos en mora.

losalcas@hotmail.com

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