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Estoy recibiendo una suscripción de cortesía por dos semanas, y la he disfrutado mucho.
Quiero referirme a dos casos que llamaron mi atención. Uno es la casi completa información que dieron antier sobre la final del “fútbol americano” que se jugará el domingo próximo en Tampa. Digo “casi”, porque se les escapó un dato muy importante: La hora del partido. ¿Quieren indicarla, por favor?
El otro es sobre la edición del miércoles, página 16, en la que al informar sobre el atentado dicen en la primera columna que no hubo heridos, y en la tercera afirman que los heridos fueron trasladados a la Clínica del Country (?).
Tal vez a la mayoría de los lectores les pase desapercibido esto, pero no a mí porque soy corrector de estilo y permanentemente me fijo en todo lo que hace que un escrito no sea impecable, como debe serlo.
Eduardo Gómez Pulido. Bogotá.
Espacio público
No soy de aquellos que están dichosos buscando los errores del alcalde Samuel Moreno y por eso no creo en quienes ven bajo su mandato un deterioro en los avances de los últimos años en la capital. Pero ayer me tocó ver una situación de defensa del espacio público que me dejó perplejo. Iba camino a tomar mi Transmilenio en la Autopista del Norte y vi a unos policías retirando a una vendedora ambulante con su estante de madera atiborrado de chicles, cigarrillos y paqueticos. Aunque me molesta ver esa escena tan repetida porque da tristeza ver a los ambulantes subiéndose a la patrulla desconsolados, me pareció una muestra de defensa del espacio público necesaria. Sin embargo, mi sorpresa fue mayor cuando vi a los policías irse en su patrulla y retirarse del lugar sin decirle nada a otra señora, más joven y agraciada, que tenía un carrito lleno de periódicos ADN que nos iba repartiendo a los que tomábamos el peatonal. Me fui todo el viaje hasta el trabajo pensando cuál es la diferencia entre la señora de los dulces y la del diario gratuito, si ambas ocupan exactamente el mismo espacio. ¿Acaso es porque una vende y la otra regala? ¿Y eso qué tiene que ver con el espacio público? Además, el periódico es un negocio también, que se lucra del espacio público de todos los bogotanos para promocionar su publicidad. ¿Será porque la señora repartidora, o sus patrones, mejor, pagan una tarifa y la vendedora no? Ojalá no sea por eso, porque entonces querría decir que cualquiera con dinero podría montar estantes de venta en cualquier paradero. Como no encontré explicación válida alguna, decidí enviarles este comentario a su periódico, porque sospecho que si lo mando al otro, encontraría la respuesta que estoy buscando: que para no pelear con el todopoderoso del Planeta, la Alcaldía le dio un permiso al periódico para tomarse las calles —que jamás les darán a los ambulantes—, todo a costa de nuestro espacio público.
Fabián Colmenares. Bogotá.
Campanazo de alerta
La entrevista que en la mañana del miércoles le hizo por Caracol Darío Arizmendi al general (r) Cortés, en la que habló de su retiro del Ejército después de 35 años de servicio a Colombia, es un campanazo de alerta a nuestra nación.
Sencillamente habló de la influencia de paramilitares y narcotraficantes a través de idiotas útiles del Ejército, como es el caso de falsos positivos, entre otras cosas. El país tiene que saber quiénes, en qué lugares y ocasiones, mentes perversas se dedicaron a la tarea de corromper a oficiales, suboficiales y soldados para que ejecutaran las correspondientes órdenes, emanadas de qué comandantes y oficiales, por ejemplo, oscuro modus vivendi de miembros uniformados dedicados a comerciar con seres vivos convertidos en cadáveres. El Ministro de Defensa debe aclarar cómo y por qué se ejecutaron estas órdenes que sólo podían emanar de mentes perversas. El más responsable de todos es el Ministro de Defensa y el Congreso debe debatir ampliamente una situación insostenible en cualquier país del mundo civilizado.
Alejandro Camelo Arenas. Bogotá.
¿Y las basuras?
En estos días en que la Administración de la capital se encuentra en el ojo del huracán por el problema de la movilidad en la ciudad, quiero señalar mi profunda preocupación por el desaseo de Bogotá. Desde los tiempos de la Edis, la ciudad no estaba tan sucia y descuidada. Da vergüenza ver los montones de basura que se acumulan en los postes, los parques o en las calzadas y separadores. Y lo más extraño y sospechoso es que nadie llama la atención a las empresas de aseo, que deben estar frotándose las manos con los jugosos ingresos que cobran a los ciudadanos, prestando un servicio de pésima calidad.
Señor Alcalde: ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué tenemos que retroceder, en vez de avanzar?
Francisco J. Vásquez G. Bogotá.
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