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Arocha, ¿mensajero del atraso?

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Cada vez son más sorprendentes los argumentos de determinados personajes de la nueva burocracia étnica que se ha formado alrededor del tema de las minorías en Colombia, los cuales se dedican a descrestar con planteamientos utópicos y paternalistas sobre el desarrollo de las comunidades negras, francamente alejados de la realidad política y económica en un mundo globalizado e interconectado como el actual. De hecho, son una especie de mensajeros del atraso y la miseria.

Por eso al leer los artículos “Una carretera etnocida y ecocida I y II”, publicados por Jaime Arocha (El Espectador, enero 4 y 15-2009), uno se pregunta: ¿Cómo es posible tanta palabrería tan etérea y falaz? Sus planteamientos son expresiones apocalípticas de virtuales catástrofes ambientales que desencadenarían las construcciones de la vía Ánimas-Nuquí y el puerto de Tribugá. Por supuesto que su fantástica  imaginación no es más que una síntesis de la pérdida de fe en la razón, porque pretende que las selvas del Baudó sean un santuario inmaculado e intocable, en donde negros e indígenas sigan confinados en el pasado, sobreviviendo con una economía de subsistencia y prácticamente contemplando los bosques, en medio de unas condiciones de vida paupérrimas.

Para una persona conocedora de la realidad económica y social de la región del Baudó y la costa Pacífica chocoana, resulta insólito que personajes como Arocha, que no sufren los rigores de la vida miserable en las comarcas chocoanas, se conviertan en caja de resonancia de un reducido grupo de taimados, los cuales han hecho de la oposición a la construcción de estas dos obras, los caballitos de batalla de sus propios intereses económicos y políticos.

Una asociación de burócratas que representa a 2.250 habitantes, menos del 10% de los 23.928 moradores de la región, en consecuencia, se han constituido en el peor escollo para la  integración vial de la región del Baudó y la costa Pacífica chocoana con el centro del país. Sin embargo, los líderes indígenas pasaron de la oposición a ser abanderados de las reivindicaciones de la construcción de la vía de manera proactiva y transparente.

Es aterradora la manera tan superficial como el autor asocia el fenómeno de la expansión de violencia paramilitar en el Chocó con la construcción de estas obras de infraestructura. Es claro que en su afán de oponerse al desarrollo vial y portuario del Chocó, atribuye la expansión de la violencia del paramilitarismo a la construcción de vías en la región.

Pero omite otros factores que tienen mayores incidencias en aquel fenómeno como la proliferación de los cultivos ilícitos, las luchas por el control de los corredores estratégicos de las rutas para el narcotráfico y el tráfico de armas, así como las confrontaciones por las explotaciones forestales y que por obvias razones están más asociados al estado selvático y la ausencia de vías que a la construcción de una carretera, que entre otras cosas sirve para facilitar oportunidades de progreso, más vigilancia y control en la región.

Ahora lo más descabellado es la asociación que hace con el legendario proyecto del canal interoceánico Atrato-Truandó, cuando frente a la nueva realidad en construcciones de corredores bioceánicos en diferentes países del continente, un canal navegable por el Chocó dejó de ser una prioridad.

Igualmente, es asombroso que un destacado investigador de la problemática afrochocoana no se haya enterado de que la mayoría de las maderas finas de la Serranía del Baudó están siendo explotadas indiscriminadamente por aserradores que las transportan por los ríos Munguidó, Pató y otros tributarios del río Quito. Es decir, que para acabar con las selvas del Baudó no se está necesitando de una carretera.

 José E. Mosquera. Bogotá.

El Festival de Teatro, sin quien lo dirija

Ante las reiteradas especulaciones sobre mi candidatura para el cargo de Directora del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, me permito informarle que no he contemplado nunca esa opción pues tengo otros proyectos de vida, ni he recibido un ofrecimiento al respecto. En efecto, estoy muy comprometida con mis funciones al frente de la Dirección de Artes del Ministerio de Cultura, como son las de gerenciar el Plan Nacional de Música para la Convivencia, la promoción de la educación artística en Colombia, la organización de los Salones Regionales y el Salón Nacional de Artistas, entre otros programas.

Desde mi retiro de la Subdirección del Festival Iberoamericano y de la Dirección de la Casa del Teatro en 1997, opté por un camino diferente en el campo de las artes, que es el que me apasiona. Deseo la mejor de las proyecciones para el Festival, y por lo tanto considero importante hacer esta aclaración para que quienes buscan encontrar argumentos para sus aspiraciones, lo hagan sin utilizar mi nombre.

 Clarisa Ruiz.  Bogotá.

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