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Globalización y pirámides

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El año que finaliza, sin duda, se recordará como uno en el que los efectos de la globalización se hicieron dramáticamente patentes, superando las barreras geográficas y desbordando los prototipos políticos y económicos nacionales, como quizás no se había advertido en varias décadas atrás, para decirlo con generosidad. Particularmente en el último trimestre.

El descalabro económico de Wall Street, coincidente con la recta final de la campaña presidencial en ese país, inicia una nueva era de incertidumbre para el futuro del planeta y, de alguna manera, enfría la atmósfera optimista que el mundo occidental respiraba a raíz de la victoria de Obama —fenómeno mediático y de raigambre popular que no se había visto desde los días de Roosevelt y Kennedy— que lo ungía como regente de los destinos de la primera potencia a partir del próximo 20 de enero… Ese incierto ciclo histórico que se inaugura ya comenzó a mostrar los primeros signos de recesión en uno de los bloques más fuertes del escenario de la geopolítica actual, el de la Unión Europea.

Irlanda, modelo de desarrollo del Viejo Continente, acusa graves síntomas de desaceleración, después de registrar notables cifras de desempleo de sólo el 4,5% y de un crecimiento de su economía superior al 5%, superada tan sólo por Luxemburgo, en renta per cápita de sus habitantes.

Al igual que Alemania, fuertemente azotada en su sector automotriz y en el aparato productivo, que muestra síntomas de resquebrajamiento, como nunca se había visto desde la reunificación de hace 18 años.

España, afectada severamente en el sector de la construcción y en el despido de mano de obra, alcanza ya cerca de tres millones de desempleados, que equivale al 11,33% de la población laboralmente apta.

Francia y el Reino Unido, consideradas junto con Alemania como los motores de la euro zona, muestran para 2009 señales inequívocas de una desaceleración inevitable de su aparato productivo.

Pero, así mismo, algunos países de los llamados emergentes de Asia, la propia Rusia, India y China, comienzan ya a preocuparse por los serios indicios de una grave contracción de su estructura económica. Nadie se atreve a pronosticar qué se encontrará al final del túnel. Como nadie pudo hacerlo en su momento para identificar los síntomas de lo que sobrevendría.

Pero si por allá llovía, por acá no escampaba. Esa misma negligente imprevisión de los funcionarios competentes en Colombia creó las condiciones adecuadas para que el ahorro privado de miles de familias resultara defraudado. Se consumó la gran estafa de las llamadas pirámides, que supera con creces todas las del pasado y cuyos malignos efectos nadie se atreve a diagnosticar.

Insucesos nada gratos para recordar en el maremágnum de 365 días, próximos a perderse en la noche de los tiempos, en pocas horas, por fortuna.

José López Hurtado. Popayán.

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