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El nuestro, menos donairoso y enclavado en un espacio por el que muchos profesan pánico —mitad prejuicioso, mitad justificable—, está ahí, cual mudo y menospreciado tótem en memoria de quienes con su sangre construyeron esta república. En la Caracas con Décima.
Semejante sacrificio recibe peculiar tributo de los lugareños, quienes no manifiestan miramientos a la hora de miccionar sobre éste y su pedestal, para rociar con sus efluvios ‘urinoterapéuticos’ a los inmolados. Difícil sería pensar que tan fragantes predios fueran alguna vez la huerta de un tal Jaime o que allí tuviera lugar el fusilamiento de líderes independentistas, cuyos nombres están grabados en piedras aromatizadas.
La historia es teatro de espejos y paradojas. Aquella imponente —aunque hoy ruinosa— basílica del barrio, sirvió para simbolizar en 1902 la dedicación de este suelo patrio al sagrado corazón. Por eso le llamaron ‘el Voto Nacional’, una suerte de jugada diplomática del arzobispo y presidente de entonces, con el fin de que la corte celeste frenara la guerra de los mil días, y las que viniesen.
Los años y el pésimo accionar que caracteriza a nuestra dirigencia dieron al traste con tan noble intención. La miseria plantó sus banderas sobre el vecindario. En Los Mártires están el temido Bronx bogotano y la ‘L’, menos primorosa que las norteñas ‘G’ y ‘T’, aunque sin duda reputada en los círculos delictivos nacionales, por ser una de las calles más peligrosas del planeta… Todo un ‘outlet’ de mercancía robada y droga para consumidores y minoristas.
La esperanza sabe hacerle trampas al dolor. Aunque susceptible de que su mampostería se desplome, la mencionada instalación eclesiástica es preciosa. La pintoresca Plaza España… parada infaltable. Pese a estar sumidos en el infierno de la adicción y la miseria, muchos vecinos han hallado espacios amigables en comedores gratuitos. Hay habitantes de marras, como doña Conchita, distinguidísima dama a quien sus 80 han tratado con generosidad. Personal castrense y policial cohabita, en permanente pacto de mutua desconfianza, a pocos metros del crimen.
Ahora, cuando la paz viene infiltrándose —como debió ser desde siempre— en nuestra agenda, oportuno sería rescatar esta joya del ostracismo al que el destino la fue condenando. No sea que otra vez las huestes divinas se enojen por tamaño descuido con los votos olvidados y decidan prorrogarnos el ya largo combate. La anterior y otras historias las encontrarán en ‘Callejeando’, serie documental del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, este domingo a las 9 p.m. por Canal Capital.
* Productor Callejeando