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Pocos son los que ven a Iván Duque como un líder estadista.
Me parece que la mayoría de sus actuales seguidores pueden ser categorizados en dos grupos: quienes confían ciegamente en la señal del expresidente Uribe, y quienes temen profundamente la posibilidad de que Colombia, con otro candidato, pueda ser llevada hacia un desastre macroeconómico y de la democracia.
Es desalentador que alguien tenga posibilidades de llegar a ser presidente porque esas razones adquieren más peso que los aspectos programáticos propios. Y seguramente es desalentador, también para sus seguidores, que por eso el eslogan de la campaña sea tan vacío: “Duque es el que es”.
No es mucho lo que se puede argumentar con aquellos que siguen fielmente las instrucciones del expresidente Uribe y que quieren verlo gobernar de nuevo. Pero sí se puede cuestionar el miedo que lleva a otros a descalificar a los candidatos que hablan de construir una sociedad más justa o que se atreven a resaltar la importancia de combatir la desigualdad económica. Se les acusa, con sofismas, de seguir los pasos de Chávez y Maduro.
La lucha contra la desigualdad económica, obstáculo para el crecimiento económico del país, nada tiene que ver con manejos macroeconómicos irresponsables o con abusos de poder -tan probables con populistas de izquierda como con populistas de derecha. Colombia habría prosperado más, desde mucho antes, si el Estado hubiera representado mejor los intereses económicos de los excluidos y no solo el de sus élites.
En la contienda presidencial hay al menos tres candidatos -con principios liberales- que resaltan su preocupación por la falta de oportunidades concretas para millones de colombianos: De la Calle, Fajardo y Petro. No son estos candidatos, sino los creadores del miedo, quienes deben explicar por qué cualquiera diferente a Duque nos llevaría a una crisis económica y a un sacrificio de las libertades democráticas. Eso sí, les va a quedar difícil sin la ayuda de noticias falsas o de otros recursos desdeñables. ¿Cómo podrían concluir, por ejemplo, que De la Calle con su propuesta de “debemos ir bajando la tributación de las empresas y generando impuestos más progresivos en las personas” se parece a un administrador estatal venezolano? o ¿cómo podría asociarse un aumento en el presupuesto en educación, ciencia y tecnología -como el propuesto por Fajardo- con un desastre macroeconómico? Incluso en el caso que más polarización genera, ¿en serio es imaginable un gobierno autocrático de Petro con un congreso de derecha y con nuestras fuerzas militares apoyándolo?
Aquellos que por miedo respaldan hoy a Duque tienen opciones razonables en frente. Pronto tendremos los debates sobre los programas de los candidatos. Y no vale la pena que por miedos falsos cierren desde ya la posibilidad de examinar otros planes que pueden ser más conveniente para el país.
Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana (http://www.javeriana.edu.co/blogs/gonzalohernandez/)