
En Colombia, el 94% de los ciudadanos dice que planifica su presupuesto, pero solo el 23% sabe con exactitud cuánto gastó la semana anterior. Este es el tipo de conductas que reveló hace unos años la primera encuesta de capacidades financieras en el país, hecha por el Banco Mundial y el Banco de la República. Cambiarlas es importante si pensamos que la educación financiera “puede empoderar a las personas, ya que les permite administrar de mejor manera sus recursos y las finanzas de sus familias”, como lo dice el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF).
También es un tema de civismo. Esa entidad agrega: “Los consumidores más educados e informados tomarán mejores decisiones financieras a lo largo de su vida, las cuales, en su conjunto, favorecen la estabilidad y el desarrollo del sistema financiero”. Por esta razón, hace unas semanas, la Asobancaria lanzó un programa de educación financiera presencial para adultos, acompañado de una asesoría disponible a través de una aplicación móvil, llamada ‘Saber más contigo’. Suena a que es un asunto de adultos, pero todo funcionaría mucho mejor si lo aprendieran desde niños.
Desde las aulas
Educar en economía y finanzas desde la niñez no debe sonar descabellado; al fin y al cabo, nunca es demasiado temprano para enseñar a tomar buenas decisiones. Hay que decir que el tema ha cobrado relevancia de unos años para acá, debido a que se volvió un punto fuerte en la agenda de entidades como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), a la que Colombia quiere pertenecer. Sobre todo después de que el país en el 2012 ocupó el último lugar en las Pruebas Pisa en educación financiera.
En el 2014, el Ministerio de Educación, en alianza con Asobancaria, publicó un documento de orientación pedagógica para la educación económica y financiera. Se llama ‘Mi plan, mi vida, mi futuro’, y está disponible en Internet. Fue llevado a 120 colegios y aseguran haber llegado a 1.289 profesores y directivos. Ahora trabajan en un piloto de estrategia pedagógica con perspectiva de gestión del riesgo, que esperan implementar a nivel nacional en el 2018.
Desde la casa
Cuando el Ministerio, entonces en cabeza de María Fernanda Campo, lanzó el documento, tocó un punto interesante: educar en economía y finanzas a los niños puede ser una forma de llegar a los padres. Los adultos, al involucrarse, también se instruyen. Al aprendizaje en conjunto han apuntado entidades como Davivienda, que cuenta con un portal de educación financiera en el que hay una sección especial para los niños, pensada para que los padres los acompañen.
Entre los consejos que ofrece esa entidad está, por supuesto, dar ejemplo: “No hay que comprar de forma compulsiva, sino estableciendo prioridades para distinguir entre lo necesario y lo deseado. Hay que comparar precios y ahorrar, en vez de usar la tarjeta de crédito cuando no se debe”. El ahorro y el consumo inteligente y responsable son, entonces, asuntos que no se pueden desligar.
Las primeras responsabilidades
Los expertos del Banco recomiendan enseñar la importancia de decir “No”; es decir, no siempre se puede gastar ni comprar el objeto de un capricho. La idea de fondo es mostrarles que el dinero cuesta trabajo, que es importante para el futuro, y, por tanto, no se puede derrochar.
Sin duda, un primer acercamiento a la independencia y a la responsabilidad que implica administrar dinero es la mesada. “Explíqueles a sus hijos por qué se les está dando una mesada, cuánto recibirán y qué responsabilidades tendrán con respecto al dinero recibido. Tenga en cuenta que la mesada debe cubrir los gastos que usted quiere que paguen sus hijos y, si es posible, algo más para que puedan ahorrar”, recomiendan los expertos.
El impacto en la sociedad
Enseñar buenas prácticas será positivo, no sólo para sus hijos y su familia, sino para la sociedad. Estos principios básicos ayudarán a que las próximas generaciones tengan más conciencia del valor del dinero y de la responsabilidad que este implica, particularmente cuando de recursos públicos se trata: ya sea que los administren o tengan la obligación de tributar.
En el 2014, en el marco del lanzamiento del convenio entre el Gobierno y la Asobancaria, José Darío Uribe, exgerente del Banco de la República, reflexionaba sobre cómo “crisis financieras como las del 2008 son consecuencia de malas decisiones”. Y agregó: “No queremos que se aprendan los conceptos de inflación o tasa de interés de memoria, sino cambiar las actitudes, algo que tiene impacto en el mundo entero”.
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