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En relación con el artículo publicado el día domingo 7 de diciembre de 2008, en la página 57, sección Opinión, escrito por el señor Armando Montenegro, “Contra el referendo”, nos permitimos, de la manera más cordial, emitir algunos comentarios.
El referendo es un mecanismo de participación directa establecido en la Constitución y reglamentado por la ley. El Comité Nacional en Defensa del Agua y de la Vida que lideró la iniciativa superó con creces el número de firmas requeridas por la Ley 134 de 1994, más de dos millones cien mil firmas, que corroboran el apoyo ciudadano; pero además se aseguró que la firma de apoyo fuese una firma cualificada a partir de la información precisa a la ciudadanía.
El artículo del señor Montenegro no sólo desconoce totalmente la iniciativa del referendo por el agua, sino que además hace una interpretación amañada de su contenido y de su significado para el país. El acceso al agua potable es reconocido como un derecho humano fundamental por la Corte Constitucional colombiana, en varias constituciones nacionales como Sudáfrica, Uruguay, Ecuador y por diversos organismos internacionales como el Consejo para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas (Resolución 7/22, 41ª Reunión, 28 de marzo de 2008), entre otros. El mínimo vital gratuito no puede entenderse como “agua gratis para todos”. Reconocemos y hemos expresado públicamente la necesidad de una política clara de tarifas para el servicio público de acueducto y alcantarillado con principios de solidaridad y equidad y no de “rentabilidad”. Proponemos una estructura de tarifas que permita entregar el mínimo vital gratuito a los hogares, mantener las políticas de ahorro en el consumo, la redistribución y la sostenibilidad financiera de los sistemas públicos de agua potable y alcantarillado.
Compartimos el argumento de que la corrupción es uno de los principales flagelos de Colombia, así como el clientelismo político, la relación de las castas políticas con actores armados y otros medios de cooptación del Estado por los particulares en beneficio de unos pocos son problemas muy graves para el país. La solución a esto no es ni debe ser la privatización de los servicios esenciales para la sociedad.
Invitamos al señor Montenegro y al país a leer la iniciativa y a debatirla usando argumentos claros y documentados, sin acusaciones y tergiversaciones innecesarias. La gente debe y puede participar en las decisiones sobre los asuntos importantes del país: el agua y otros muchos.
Juan Camilo Mira. Coordinador Campaña del Agua.
Rafael Colmenares Faccini. Vocero del Comité Nacional en Defensa del Agua y de la vida. Bogotá.
Sobre apetitos
Dos notas, en las páginas 18 y 23 de la edición del 11 de diciembre, merecen ser comentadas. La primera afirma que en los niños el exceso de comida los lleva a la ansiedad, y la segunda, basada en unas ideas de Tracy Cox, señala la relación entre el apetito sexual y el hambre, y sugiere alguna conexión entre las dos apetencias, sin mención directa a algún factor emocional específico. Las actuales teorías del psicoanálisis sobre la estructuración de la mente permiten entender estas correlaciones desde ángulos más claros.
Un antiguo aforismo de la psiquiatría francesa decía que el morfinómano no se hace sino que nace, es decir, privilegiando un factor interno. Por el contrario, algunas teorías del psicoanálisis actual conceden enorme importancia a lo externo, la temprana relación bebé-madre para conformar una estructura básica emocional que proporcione un saludable bienestar emocional. Fallas en el desempeño materno dejarían vacíos que se vivencian como angustias. Serán éstas las que se intentarán acallar con placeres sustitutivos como la comida y el autoerotismo. Serán pues estas fallas estructurales del aparato anímico las que ulteriormente se intentará vanamente aliviar mediante el alcohol, las drogas o la sexualidad desbordada.
No es así, pues, que el comer en exceso o la frenética sexualidad lleve al malestar que corrientemente llamamos ansiedad, sino, por el contrario, estos vacíos emocionales llevan a las drogas y el desenfreno sexual. Es obvio que esas manifestaciones deberán ser abordadas mediante esfuerzos que alivien el sufrimiento emocional y no mediante prohibiciones, costosas e inútiles, como ocurrió con la ley seca en los EE.UU.
Guillermo Ballesteros Rotter. Psicoanalista de la Sociedad Colombiana de Psicoanálisis. Bogotá.
¿Qué leer en vacaciones?
Esta temporada de fin de año puede ser la ocasión para retomar viejas lecturas “iniciadas” o para aventurarse con nuevas (viejas) historias de autores no tan conocidos.
Hace unos días estuve en Bogotá y gracias a una sugerencia de mis amigos de la librería El Hacedor (del centro cultural del libro en el centro de Bogotá) me “inicié” en la lectura del escritor checo Hrabal. Leí su novela Yo que he servido al rey de Inglaterra. Es un testimonio intimista de varias épocas checas, visto y contado por un mesero que “sirvió al rey de inglaterra”. Tengo en la lista de próximas lecturas, como si fuera un “condenado”, autores como Cormac McCarthy, Perez-Reverte y Alan Pauls. ¿Por qué no dedicarle un tiempo a la lectura en estos días? No es cuestión de dinero, pues se encuentran buenos libros usados (además, hay ferias temporales del libro en esta época) o se puede ir a una biblioteca pública.
Me uno a los comentarios de un lector en estos días, cuando señalaba que nos gustaría ver más columnistas que hablaran de temas distintos a la política. Ésta podría ser una buena ocasión: realizar una especie de encuesta entre columnistas y lectores sobre sus “libros por leer”. Si abrieran un espacio más grande en la Página de Libros de El Espectador, allí podrían consignarse algunas impresiones al respecto.
Eugenio Ochoa. Pereira.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.