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El ambiente enrarecido por la fiebre de reelecciones en Colombia y Venezuela me incita a pensar que hemos olvidado las lecciones aprendidas a las malas con Juan Vicente Gómez y Rafael Núñez. En cambio, México no olvida el espectro de Porfirio Díaz, un déspota rodeado de “científicos” (los tecnócratas de la época) que gobernó el país por 27 años.
Habrá que leer de nuevo a Juan Montalvo, Vargas Vila y Biofilo Panclasta. Viendo las caricaturas de El Espectador el domingo pasado, destaco una que pinta a Vargas Lleras como el posible regente (2010-2014) en interinidad hasta el regreso del Mesías. ¡Qué forma más apropiada de celebrar el Bicentenario! En realidad deberíamos dejar de llamarnos República. Nos convendría más ser una “Paisa”-arquía hereditaria. Sería más sincero. En vista de las circunstancias propongo que el referendo-reforma constitucional quede así: “Álvaro Uribe Vélez será reelegido cuantas veces quiera o el Sagrado Corazón de Jesús lo demande. En los libros de historia patria se dirá, para recuperar los tres años de ventaja que le lleva Chávez, que empezó a gobernar en enero de 1999, el día que Tirofijo dejó plantado a Pastrana. La sede del gobierno será su finca El Ubérrimo. Los alcaldes y gobernadores serán reelegidos de forma ilimitada y vitalicia”.
Pensándolo bien, ¿no fue acaso el mismísimo Libertador quien propuso la presidencia vitalicia? No es muy nuevo el tema, después de todo. ¿Será que se formará en Colombia un partido antirreeleccionista como en las vísperas de la Revolución mexicana?
Pedro Escudriñez. Bogotá.
Barranquilla, ¿nombre maluco?
¿Será que Barranquilla es un nombre maluco?, se pregunta Óscar Alarcón en Macrolingotes, ya que Gabriel García Márquez no lo ha utilizado en sus novelas o cuentos.
Creo que una ciudad que tiene nombre de bar (Bar Ranquilla) es una ciudad con personalidad. Supongo que por eso bebemos a nivel del bar y también del mar. Por algo es una ciudad embriagada de río, donde permanentemente hay conCERVEZAtorios en su Caza de Poesía, e incluso una Cátedra de FilosoFRÍA.
Alguna vez, por otras razones, he propuesto que le cambien el nombre: debería llamarse Bacanquilla, ya que es tierra de bacanes y bacanas. Otra cosa que debería cambiarse es la bandera, ya que es una falta de identidad currambera tener la misma bandera de Cartagena, es decir, que nos es ajena. También debería cambiarse el escudo de la ciudad, que es antiestético y “soldadito de plomo”; pero eso sí, conservar el himno, que realmente es agradable, una de cuyas estrofas dice: “cuchilladas del río sobre el bar” ¿o será “sobre el mar”?
AníBAR Tobón BARmúdez. Barranquilla.
Sobre los columnistas
¿Como calificar a un columnista de opinión? ¿Quién se merece tener una columna? Como lector, encuentro columnistas que escriben lo mismo cada 8 días, de la misma forma y con la misma emoción. El periódico es libre de invitar o retirar a los columnistas, pero ¿qué se le pide a alguien para que el diario no lo retire?
Casi todos hablan de política, ¿no deberíamos tener más temas? Un medio de comunicación puede poner asuntos sobre la mesa, generar debates, contribuir a que dejemos de pensar en lo mismo. Columnistas invitados, una selección de columnas distintas cada 8 días, reflexiones sobre otros problemas del mundo. Un poco de distancia ayuda a mejorar la perspectiva.
Mauricio Bejarano. Bogotá.
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