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Zapatero se queda solo

El 14 y 15 de noviembre, por invitación de George W. Bush, las veinte economías más grandes del mundo se sentarán a redefinir las reglas del juego del sistema financiero internacional. Y a España, no le llegó la invitación.

23 de octubre de 2008 – 03:36 p. m.

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La descortesía creó un revuelo en la madre patria y puso al jefe de gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a mover todas sus piezas diplomáticas para conseguir un puesto en una reunión en la que España, como afirmara Mariano Rajoy, líder de la oposición, “se juega su prestigio”.

Zapatero ha llamado infructuosamente a Washington; le dio órdenes a su embajador ante la Casa Blanca de reunirse con el segundo al mando del Departamento del Tesoro estadounidense; viajó el jueves repentinamente a Pekín, a la cumbre Unión Europea-Asociación de Naciones del Sureste Asiático, para persuadir a la China, Indonesia y Filipinas, invitados a la crisis, y ha puesto a sus mejores hombres a cabildear ante las campañas de John McCain y Barack Obama.

Pese al apoyo de Gordon Brown, primer ministro inglés, y el  ambiguo respaldo de Nicolás Sarkozy (quien lo excluyó hace dos semanas de la cumbre europea  extraordinaria en París), los invitados a la crucial jornada son  los países del G-20, creado en 1999 tras la crisis de los mercados asiáticos: Reino Unido, E.U., Francia, Alemania, Italia, Canadá, Japón, Rusia, Argentina, Brasil, México, China, India, Indonesia, Corea del sur, Australia, Arabia Saudita, Sudáfrica y Turquía.

España tiene razones para protestar: su economía tiene el PIB de Canadá. Sin embargo, al mandatario del Partido Socialista Obrero Español le están pasando varias cuentas de cobro. La más grande, haber cumplido su promesa de campaña en 2004 y retirar las tropas españolas apostadas en Irak. Un hecho que la Secretaria de Defensa de E.U., Condoleezza Rice, calificó como “un acto que no se le hace a un aliado”. Y que para el entonces  presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Joe Biden, hoy fórmula vicepresidencial de Barack Obama, “hizo un gran daño a la relación”. Así lo recordaba ayer el diario opositor ABC, al desempolvar relatorías oficiales.

Súmese a esto las contradicciones a Nicolás Sarkozy y Ángela Merkel en varios temas. El más relevante, su moderación frente al endurecimiento de las normativas de inmigración, impulsadas por Berlín y París y aprobadas en el Parlamento europeo a mediados de julio.

El jueves, La Moncloa se mostraba juiciosa y perseverante frente a la búsqueda de la invitación. Pero para algunos observadores, la única esperanza de Zapatero vendría tras las elecciones presidenciales, de ganar Barack Obama, uno de los pocos norteamericanos que se han atrevido en público a reiterarle su amistad.

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