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En una discusión con el especialista se dio cuenta de que nunca había visto una foto de la boda de sus padres y así empezaron a surgirle dudas que lo llevaron a pensar que todo lo que había conocido sobre el origen de su familia no eran más que mentiras. “Me impactó darme cuenta de que podía haber otros eventos de la vida de mi padre de los que yo no tenía mayor información, y que quizá yo no lo conocía tanto como creía. Cuando él muere yo tenía 18 años y lo tenía absolutamente enaltecido. Entonces me obsesioné con tratar de saber todo sobre mi padre y tratar de entender un poco mi situación en el mundo a raíz de su biografía”, asegura hoy Cisneros. A raíz de este acontecimiento y diez años después de la muerte de su padre, sintió la urgencia de reconstruir la vida del ‘Gaucho’ Cisneros, un hombre idealizado, un militar estricto, un general de división que ocupó cargos políticos importantes en la historia de Perú. Aunque con el pasar de las páginas se descubre que también es la historia de un hijo que investiga a su padre, que además hace viajes y entrevista a los parientes, termina por descubrir un personaje casi mítico del que todos tenían una versión distinta en la familia. De esa manera, la novela narra la historia del militar Luis Federico ‘el Gaucho’ Cisneros, nacido en Argentina, que al igual que sus hermanos se sentía peruano. También descubre a un militar que antes que amargado era un hombre amoroso. Beatriz Abdulá fue su primer amor, una argentina de descendencia sirio-libanesa con quien planeaba casarse pero no pudo hacerlo. La segunda fue Lucila Mendiola, su primera esposa y madre de sus tres hijos mayores, con quien tuvo un final amargo lleno de vergüenzas y escándalos por parte de ella. La última fue Cecilia Zaldívar, madre de Renato y secretaria del ministerio donde trabajaba. Un amor oculto por mucho tiempo y difícil debido a la insistencia de Lucila de no separarse del ‘Gaucho’. El ‘Gaucho’ Cisneros siempre fue normativo. Tenía todo planeado y fríamente calculado, tanto que Renato asegura que era el guionista de su vida, la de su madre y la de sus hermanos. Por eso, su muerte fue tan impactante. Quedaron descarriados en el camino de la vida y eso los obligó a tomar sus propios roles, a decidir quiénes querían ser, tanto así que hizo que se convirtieran en nuevas personas y asumieran otras responsabilidades. “Los escritores escribimos a aquello que nos falta, que no tenemos, aquello enigmático que está a nuestro alrededor. Y no solamente hable de él porque fue quien se murió, sino porque en general creo que el padre, por lo menos en América Latina, es la figura del elenco familiar más evasiva, es el que se va al trabajo y regresa, el que nunca habla del trabajo o se va simplemente y no vuelve más. Hay una tradición de hogares abandonados por el padre”, explica Cisneros para reflexionar acerca de por qué decidió reconstruir la imagen de su padre y no de otra persona. En esencia, trató de construir un personaje literario que se pareciera mucho al ‘Gaucho’ que él había conocido y que estuviera nutrido con toda la información que encontró (cartas de su abuelo, historias de Argentina, lo que le contaron sus camaradas del ejército). A partir de ahí ya no fue el simple padre que enterró, fue un sujeto con otra identidad. Con el paso de la escritura se dio cuenta de que se parecía más a su padre de lo que jamás llegó a imaginar. Un proceso de reconstrucción que no fue nada fácil. Duró cerca de ocho años tratando de relatar esta historia, aunque escribió otros libros en este lapso de tiempo, porque sentía la necesidad de que debía contar algo desde el escritor y no desde el hijo. “Habían cosas que el hijo iba encontrando y le fastidiaban, que lo herían, que lo molestaban, que le parecían reñidas con la moral; pero eran cosas que al escritor lo alimentaban mucho”, asegura Cisneros. Aunque avivó muchos sentimientos e incluso hubo páginas que le costaron escribir por la crudeza de la verdad, se dio cuenta de que por medio de la escritura iban apareciendo recuerdos, memorias y reflexiones que no se había planteado antes. Por tal motivo, fue necesario tener una estrategia para que las páginas fueran escritas por el escritor y no por el periodista. No fue sencillo narrar todo lo que había encontrado. Sin embargo, su experiencia en el periodismo le sirvió mucho para este libro, particularmente por la investigación. Pero no quería que fuera un libro periodístico, ni biográfico que presentara una versión final del ‘Gaucho’. Quería que por medio del periodismo surgiera una novela ambigua, donde los sentimientos del hijo estén replegados y el lector pueda familiarizarse con el personaje principal. “Yo creo que el libro también es una parte de sublevación ante el poder, el poder de la memoria”, concluye Cisneros. Al margen de su libro “La distancia que nos separa”, que será presentado en la Feria del Libro que comenzó y que concursa en la bienal Mario Vargas Llosa, el escritor Renato Cisneros no perdió la ocasión para compartir sus reflexiones acerca de la situación política que vive hoy Perú. En síntesis, Cisneros cree que “es una mala noticia que Keiko Fujimori esté en segunda vuelta”, y lo dice con la convicción de que los peruanos parecen haberse olvidado de lo que significó la dictadura de su padre. “Es verdad que Alberto Fujimori acabó con la subversión, pero también empleó el terrorismo de Estado, el terrorismo de la corrupción”. Cisneros fue enfático en manifestar que confía en que Pedro Pablo Kuczynski gane la segunda vuelta en las elecciones a realizarse del 5 de junio. “No es mi candidato natural, él es también un hombre de derecha, un lobista absolutamente reconocible, pero tiene un equipo técnico que no está ideologizado, no está fanatizado. Va a ser difícil porque él no es un hombre especialmente carismático, pero tendrá que hacer esfuerzos para convocar a los antifujimoristas. Creo que lo mejor que le puede pasar a Perú es que gane pues se polarizaría menos el país y se le enviaría una señal al mundo más decente. Perú no está preparado para tener a otro Fujimori en el poder”.