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Si el éxito de la rumba extendida se mide a partir de las cifras de homicidios presentadas por la Policía, la balanza se inclinaría a favor de la Alcaldía. Durante la última prueba piloto no se registraron muertes violentas. Sin embargo, la jornada no estuvo exenta de conflictos: se reportaron 258 riñas y de los 59 heridos que hubo durante la jornada, 29 estaban en la zona de rumba extendida.
En la tarde de ayer, la Secretaría de Gobierno reveló que entre las 3:00 a.m. y las 6:00 a.m. del sábado se presentaron 84 riñas en la ciudad. De éstas, solamente ocho ocurrieron en las zonas de rumba extendida. En ese mismo lapso ocurrieron 72 alteraciones del orden público (ocho en los sectores de rumba) y 18 accidentes de tránsito por fuera de las zonas en donde se implementó la medida. “Los datos son muy satisfactorios”, dijo el alcalde Gustavo Petro. Su afirmación se sustenta en que durante la jornada del 5 de julio, en el lapso de rumba extendida, se presentaron 16 riñas, mientras que el fin de semana pasado se registraron ocho.
Para Camilo Ospina, presidente de Asobares, entidad que representa 860 establecimientos, la jornada fue “satisfactoria”: “El 99% de los bares le cumplieron a la ciudad. En los próximos días vamos a presentar una propuesta integral para que la administración distrital tenga en cuenta algunos comerciantes que vienen trabajando muy bien. Existen establecimientos que están por fuera de la rumba extendida y que cumplen con todos los requisitos. ¿Por qué excluirlos?”.
No será tan fácil que el Distrito ceda a estas pretensiones. Por un lado, la Secretaría de Gobierno ha venido excluyendo localidades de la jornada de rumba extendida. Las últimas que salieron fueron Engativá, Mártires, Santa Fe, Tunjuelito y Usaquén. La razón: la mayoría de establecimientos ubicados en estos sectores no cumplen con las condiciones de seguridad y ruido.
Por otro lado, la voz de la ciudadanía ha tomado fuerza en el debate de la rumba extendida. Según Gloria Moreno, presidenta de la Asociación Pro Parque La Cabrera, desde hace cuatro años los vecinos del sector han luchado para que los bares y las discotecas de la calle 85 bajen el nivel del ruido, que ha afectado la salud de varias personas. “Si no controlan hasta las 3:00 a.m., ¿cómo lo van a hacer hasta las 6:00 a.m.? No hay coherencia por parte de la Alcaldía. Esto no es una Bogotá Humana. No se imagina el ruido tan impresionante, y a pesar de las múltiples reuniones con los dueños de los establecimientos y su compromiso con invertir para el aislamiento del ruido, no pasa nada. Hasta los enfermos de la Clínica del Country se han visto afectados con este tema, que no se ha tenido en cuenta”, agregó Moreno.
Germán Sarmiento, creador de iniciativas ciudadanas como Cebras por la Vida, coincidió con Moreno: “La medida parece un tanto improvisada. No se ve un proceso de comunicación juicioso con la ciudadanía, y la Alcaldía cambia de decisión todos los días. Considero que hasta las 3 de la mañana se puede tener una buena rumba nocturna. Lo que más nos preocupa es que si la Alcaldía ha sido incapaz de regular el tránsito, el espacio público y los mismos ‘amanecederos’, ¿cómo va a garantizar un control efectivo a los establecimientos?”.
Otra duda tiene que ver con una denuncia que realizó José Fiesco, analista político de la Universidad Javeriana. Según él, durante 2013 la administración recortó $23.000 millones del presupuesto destinado a la Policía Metropolitana: “Pasó de tener $108.000 a $95.000. Se anuncia un nuevo horario, pero no se sabe con qué recursos se sostendría esta medida”. Voceros de la Policía le dijeron a este diario que el pie de fuerza sigue siendo el mismo y que el plan cuadrantes seguirá operando. Queda la duda, entonces, sobre la capacidad de la Policía para controlar los “amanecederos” ilegales.
No obstante, el Distrito ha defendido la medida argumentando que ataca directamente el problema de los “amanecederos” ilegales. De hecho, la W Radio denunció que los dueños de estos establecimientos le estarían pagando “coimas” a la policía para que los deje operar hasta las 8:00 a.m. Es el caso el caso del bar Piso Cero, ubicado en la carrera 13 con calle 62, donde los dueños afirman su cercanía con las autoridades. Incluso, según este medio de comunicación, muchos de ellos tienen sus propias cocinas de droga donde se preparan las dosis que luego son vendidas en el interior de los lugares, como ocurre con el bar Gía y la discoteca Music Express del sector de Chapinero.
En 2013, el Centro de Estudio y Análisis en Convivencia y Seguridad Ciudadana (Ceacsc) identificó 2.193 clubes sociales en Bogotá, de los cuales 833 tienen la licencia suspendida.