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La persecución política contra el Alcalde, de la que habla en su artículo Fernando Araújo, es cierta y evidente.
En su afán de protagonismo, y más allá de que uno simpatice con las ideas y el programa de gobierno del alcalde Samuel Moreno, no hay político que no aspire a la Alcaldía o incluso a la Presidencia que no termine por lanzar todo tipo de recriminaciones contra la administración. Nada importa el futuro de la ciudad. El deseo de acceder al poder parece imperar entre quienes se oponen.
Andrés Martínez. Bogotá.
El resentimiento perdura
Si bien es cierto que la administración del actual alcalde de Bogotá, Samuel Moreno, no ha sido la más brillante y que ha tenido varios altibajos, también se deben resaltar las cosas positivas que nos ha dejado. Es común que la gente perciba que ha existido un déficit en cuanto a las medidas que se han tomado, pero es un poco ingenuo y muestra de falta de criterio no ver las oscuras intenciones de quienes nunca estuvieron de acuerdo con la elección de Moreno y de quienes siempre han estado detrás de su cargo. La envidia de muchos políticos los lleva a realizar actos vergonzosos.
Además, es bien sabido por muchos que en los últimos años en Colombia se ha hecho de todo para acabar con la imagen del Polo Democrático, pues su ascenso como partido de la oposición ha preocupado a los sectores tradicionales políticos. Miremos las cifras y comparemos la situación de seguridad en Bogotá de años anteriores o de administraciones anteriores con la actual. No existe una gran diferencia, pero sí ha disminuido el número de homicidios y robos. Es difícil llenar las expectativas de toda la ciudadanía y más aún cuando existen intereses oscuros que no quieren que se vea lo bueno y personas envidiosas que lo único que buscan es la forma de poder ascender al poder.
Rafaela Ortiz. Bogotá.
La coletilla de Molano
En su columna del domingo el columnista Alfredo Molano se pregunta si la disminución en el número de indigentes se encuentra relacionada con la política de seguridad democrática. Anteriormente, ya había argumentado que a mayor número de falsos positivos, mayores inversión extranjera recibía Colombia.
Esperemos que no sean más que las provocaciones de un columnista que no comulga ni con el Gobierno ni con sus políticas. De cualquier manera, siguen siendo palabras polémicas que en muy poco espacio mueven a la reflexión.
Cristina Piedrahíta. Cali.
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