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Un informe presentado recientemente en el Congreso de EE.UU. concluye que el Plan Colombia no ha conseguido disminuir los cultivos ilegales en el país.
Se pretendía reducir en seis años el cultivo, procesamiento y distribución de drogas ilegales en un 50%. Ha ocurrido lo contrario. “Los cultivos de coca y la producción de cocaína se incrementaron un 15% y 4% respectivamente”, dice el informe.
Tampoco se ha logrado reducir la demanda de drogas y, a pesar de los muchos cientos de millones de dólares dedicados a la cruzada, la ilegal y criminal industria de los narcotraficantes es hoy más próspera y fuerte que nunca. Según el Programa de la ONU para el control internacional de las drogas, éstas podrían mover entre 500.000 y 600.000 millones de dólares anuales. Dinero que hay que blanquear. Y ahí entramos en otra oscuridad de la economía criminal global que se aprovecha, hace posible y alimenta uno de los peores tumores de nuestro tiempo: los paraísos fiscales.
Entre los volúmenes de dinero criminal y la red oscura y opaca de dinero, por causa de las drogas hoy nos encontramos con Estados contaminados, intoxicados, penetrados y corrompidos por el poder económico de los grupos organizados de narcotraficantes.
Ante tal desastre, se me ocurre pedir a Barack Obama que apunte en su apretada agenda iniciar el largo camino para despenalizar las drogas y así privar del negocio a los criminales narcotraficantes.
Xavier Caño Tamayo. Madrid.
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