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La estrategia de la porrista popular

A unos meses de la contienda electoral, debemos ser conscientes de que se vienen campañas sucias y manipuladoras.

Por Matilda González Gil
13 de octubre de 2017
La estrategia de la porrista popular

Las campañas políticas parecen sacadas de una película gringa en la que se disputa el nivel de popularidad y en la que el matón del equipo de fútbol y la porrista que trata mal al resto de sus amigas se quedan con las coronas en el prom.

Ser despreciable con las personas que son odiadas en la sociedad ha sido una herramienta política bastante útil para los gobiernos autoritarios. Basta con recordar los fundamentos de Joseph Goebbels –ministro de Propaganda durante la Alemania nazi–, dentro de los cuales se encontraba el “principio de la transfusión”, que establecía que la propaganda siempre operaba sobre ideas culturalmente arraigadas, como los prejuicios. 

Cuando Trump empezó a decir cosas polémicas para manipular a la opinión pública, mientras explotaba el sensacionalismo mediático, a muchos nos parecía un payaso que no había que tomar en serio. Se refirió a los inmigrantes como delincuentes, ridiculizó a personas con discapacidad e hizo comentarios misóginos. 

Roger Stone, el estratega y asesor detrás de la campaña de Trump, dice –sin vergüenza–, en el documental de Netflix Get Me Roger Stone, que uno de los principios que marcó el éxito de la campaña fue: “Es mejor ser infame que nunca ser famoso”. En la película explica que la política es como el teatro porque funciona como una forma de entretenimiento: el que más entretiene, gana. Se define como un “agente provocador” y dice, cínicamente, que desde muy temprano entendió el valor de la desinformación. Agrega que fue clave presentar a Trump como alguien independiente, que no hacía parte de las clases dirigentes tradicionales (aunque sus propuestas favorecían a los más ricos). 

Se acercan las elecciones del 2018 y todo parece apuntar a que en Colombia también se vienen campañas sucias, manipuladoras y populistas: unos, como Vargas Lleras, recogen firmas para posar como independientes –creyendo que no nos vamos a dar cuenta de que es una forma de desvincularse de la desafortunada historia de Cambio Radical–; Ordoñez, Ángela Hernández y el resto de la godarria apelan a los prejuicios sobre el sexo y el género y al fanatismo religioso; Uribe y su clan juegan a la desinformación y se mantienen vigentes en los medios de comunicación por sus calumnias; Claudia López, que antes parecía decente, apoya iniciativas que sabe que son ineficaces pero que son populares, como la cadena perpetua para violadores y asesinos de niños; y Petro y Piedad hablan de una constituyente, sabiendo el riesgo que eso implica para los avances constitucionales sobre los derechos de los grupos históricamente discriminados, como los sectores LGBT. 

Es hora de que los jóvenes, que somos como los nerdos rechazados en esta película, nos tomemos en serio el futuro del país. No les demos retuit, ni like, ni compartir a afirmaciones odiosas. Informémonos. Escuchemos propuestas y miremos el pasado de los políticos. No traguemos entero. Tomemos conciencia de la importancia de la democracia, no demos nuestros derechos por sentados, y, por favor, votemos.

Foto: iStock.

 

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