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El gerente de Bellanita fue capturado por las investigaciones de homicidio agravado y desaparición forzada. Aquel señor aparecía en la sociedad como un negociante, concretamente del transporte.
Nosotros, la mayoría de la ciudad que no tenemos nada que ver con este tipo de situaciones, deberíamos de preguntarnos por un montón de cosas que hacemos que son perfectamente legales, culturalmente tradicionales, pero que distan mucho de una moral cívica. Quizá el ejercicio de examinarnos en los personajes destacados o que nos representan, puede llevarnos a buscar qué rasgos de nuestra pujanza de negociantes o de nuestro “avispe” para el emprendimiento se relacionan con estas situaciones tan vergonzosas.
El gobernador es un gran negociante, ejemplificado en el negocio de Pescadero Ituango, donde se les adelantó a otros señores. Mientras éste gasta más tiempo mirando los indicadores bursátiles que el índice de desarrollo humano, vías como las de Huesera están inutilizadas, presuntamente, por una burocracia concentrada en “sumar fuerzas” que se consumen en los acuerdos de la política.
Que hay que ser vivo, que el que no hace los goles los ve hacer y que todo vale, compiten en nuestra sociedad con el valor de la palabra y que la valentía resplandezca por el desprecio perseverante de los atajos, hoy cuando es tan importante pensar si queremos que sea admirable tumbar a alguien y si estamos conformes con que emprendimiento tenga alguna relación con el engaño, porque, gústenos o no, el “investigado” surgió gracias a relaciones con personas que consideraron que en un mundo de negocios y política no se puede ser ingenuo y muchos fines justifican todos los medios.
Lukas Jaramillo Escobar. Medellín.
Sobre linchamientos
Pareciera normal la reacción colectiva de furia, impotencia, dolor y sed de justicia. Las noticias de cada día traen más notas sobre potenciales y efectivos linchamientos. Un par de preguntas, un tanto incómodas: ¿Cual es el origen de los linchamientos? No me refiero a qué motiva este tipo de conductas, sino al trasfondo teológico-político que subyace a este comportamiento. ¿No se trata de una versión renovada de las famosas consignas del Antiguo Testamento, donde se nos habla de la ley del talión, es decir, del “ojo por ojo”? Uno de los peligros de pedir la cadena perpetua y la pena de muerte es que éstos mecanismos se convierten en sofismas de distracción. La sociedad cree que con medidas radicales de represión se resuelven los problemas.
A diferencia de otros lectores, que manifiestan en público su fe cristiana y la necesidad de reforzar los valores morales tradicionales, quiero manifestar la imperiosa urgencia de discutir en términos éticos y no religiosos. En otras palabras, “ni reír ni llorar, sino comprender”, como nos sugiere Spinoza. No se trata de promover la impunidad frente a delitos atroces, pero tampoco de estudiar los problemas sociales desde un único punto de vista. Hay que considerar factores psicológicos (sin caer en las patologías), culturales y económicos que influyen en el comportamiento de los agresores (los “flagrantes” y los “potenciales”). Es comprensible la indignación ciudadana, pero no nos dejemos arrastrar sólo por las emociones más primitivas (las más cristianas) y démosle un espacio al entendimiento. Pensemos en la sociedad colombiana: ¿cuáles son los espacios para compartir afectos y pasiones felices? La mayoría de personas dedican todo su tiempo a “trabajar, trabajar y trabajar”, y el resto a la televisión y las verbenas. ¿Cuánto y qué tipo de tiempo compartimos con nuestros familiares y amigos? A muchos sólo se les ve en “fechas comerciales” como la Navidad y el Día de las Brujas. Para no hablar de los entierros, momento idóneo para reunir familias. En este mes de los niños que inicia, compartamos más tiempo con ellos, en actividades que promuevan la instrucción y la lúdica. ¡Menos represión y más cultura!
Aquiles Cuervo. Bogotá.
Algo de Kipling
“Desquitémonos” de los abusos que otros cometen contra sus propios hijos, al ejercer el más implacable e invencible amor con los nuestros, enseñándoles, algún día, lo que escribiera Rudyard Kipling:
“Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando todos la pierden —y te culpan por ello—; si confías en ti cuando los otros desconfían —y les das la razón—; si puedes esperar sin cansarte, si no mientes cuando te vienen con mentiras ni odias a los que te odian y aun así no te crees santo ni sabio; si sueñas, sin llegar a ser esclavo de tus sueños; si piensas, pero no te conformas con pensar; si te enfrentas al Triunfo y al Desastre y das el mismo trato a esos dos impostores; si soportas que tuerzan tus palabras para embaucar con ellas a los tontos; si se rompen las cosas a las que has dedicado tu existencia y te agachas a rehacerlas; si juntas todas tus ganancias para jugártelas a cara o cruz, y pierdes, y vuelves a empezar de nuevo, una vez más, sin mencionar siquiera lo perdido; y si tu corazón, tus músculos, tus nervios cumplen incluso cuando ya no son lo que eran, y resistes cuando ya no te queda sino la voluntad de resistir; si hablas con multitudes sin perder la honradez y paseas con reyes sin perder la humildad: si no pueden hacerte daño tus enemigos —tampoco tus amigos— y todo el mundo cuenta contigo —no en exceso—; si no desaprovechas ni un segundo de cada minuto, la Tierra y cuanto en ella existe es para ti; serás, en fin, hijo mío, lo que se dice un hombre”.
Silvio Antonio Patiño.Bogotá.
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