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“No púas, sólo calumnias”

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Después de leer en El Espectador del día 28 de septiembre la columna de opinión de Fernando Quiroz, quisiera dar mi opinión sobre “Celebración sin púas”.

Aclaro que no soy del Opus Dei y soy una persona metida a fondo en lo humano, dedicado a lo que me gusta, el teatro, la música y la diversión. Pero esto no me impide ser claro, porque para quienes tanto bien nos ha hecho San Josemaría Escrivá de Balaguer, quedarse callado ante esas infamias sería complicidad e ingratitud.

Atacar la reputación de una institución que cuenta con millones de miembros en más de 80 países dejándose llevar por el deseo de fama y de hacer dinero con un libro es injusto. “Cien mentiras juntas no logran hacer una verdad”.

El libre albedrío permite que cada uno escoja su camino, pero gracias a Dios existe el Opus Dei para tener una ayuda espiritual. Los que conocemos desde hace muchos años la Obra no tenemos otra experiencia que la del máximo respeto por la libertad personal. Da la impresión de que en su corto paso por el Opus Dei el autor realmente no alcanzó a entender de qué se trataba y busca 20 años después liderar una cruzada contra lo que en verdad no conoció.

Parece que es más el afán de ensañarse contra la honra de las personas y hacer un dinero con eso que el afán por la verdad. Si su libro es de ficción, entonces adviértalo y dedíquese a soñar con molinos de viento, pero no diga que es un relato de realidades, que en nada se parece a la verdad.

Las obras de Dios no hay forma que las acaben los hombres que son incapaces de respetar el derecho de los demás a decidir sobre su propia vida o cuando no entienden la dimensión de las realidades espirituales. Simplemente se dedican a tejer fantasías sobre su forma peculiar de ver las cosas, no importa que falsifiquen la realidad y que irrespeten a los demás. Ridículo, además, que trate de explicarse lo que es una institución como el Opus Dei reduciéndola a una práctica de mortificación corporal mal entendida por quien trata de burlarse de ella.

“Grita mucho, no tiene razón”, decían. “Insulta mucho, no puede ser verdad”. El autor deja entrever su amargura, su frustración personal, sus ansias de ser recordado como un nuevo pequeño Savonarola, un inquisidor que usa la literatura de ficción para arremeter, nada originalmente, contra la honra ajena. Pero no pasará de ahí. Es infame juzgar a una persona de alto rango tan fácilmente, pues los altos cargos que ocupan las personas bien educadas y formadas son porque se lo merecen, por sus méritos.

Por más eco que busque hacerse en los medios, por más presiones que se invente para adquirir conciencia de mártir, nadie se acordará de las calumnias y difamaciones emprendidas con una institución a la que millones de personas queremos en todo el mundo. Lo único que logrará es que muchas personas se acerquen al Opus Dei para conocer la verdad, como ha ocurrido muchas veces, y éste será un libro más que estoy seguro no dudará 80 años.

 Joaquín Valencia A. Bogotá.

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