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¿En dónde están todas las religiones que hay en Colombia a la hora de tener que rechazar todo aquello que va en contra del sano desarrollo de nuestros niños y jóvenes?
Tenemos el país que nos merecemos, porque nos volvimos permisivos, moralmente laxos y como el avestruz tenemos la cabeza enterrada bajo tierra para no tener que hablar cuando debemos hacerlo. Como borreguitos nos sentamos cada noche frente a las imágenes del televisor buscando en él algo de “diversión”, pero encontramos en la franja familiar programas tan aberrantes como Aquí no hay quién viva, el cual, escudado en el humor, exalta de la manera más descarada todo aquello que va en contra de las más profundas creencias de todas las religiones en el mundo: la promiscuidad, el homosexualismo y el lesbianismo. Y todos nos reímos, adultos, jóvenes y niños, y compartimos nuestro rato de ocio revolcándonos y comiendo hasta saciarnos de aquel lodo apestoso que hábilmente nos es presentado como diversión familiar.
Durante muchos años se aceptó que el “sano esparcimiento televisivo” se viera saturado de violencia en todas sus expresiones al punto que la generación correspondiente creció y maduró ávida de asesinatos, de muertes violentas, de dinero fácil, de corrupción, de ansias de poder, etc. Como resultado obvio, hoy todos vivimos en ese régimen del terror que en cualquier momento toca nuestras puertas y a pesar de tan clara y dolorosa experiencia, no sólo seguimos alimentando a las nuevas generaciones con más de lo mismo, sino que ahora se la adobamos reforzándola con el veneno de la promiscuidad, del sexo descontrolado y aberrante, de la búsqueda y la incitación hacia una vida homosexual.
No importa cuál sea nuestra creencia religiosa, todos sabemos que en los libros que contienen la Palabra de Dios estas prácticas son consideradas caminos perfectos hacia la condenación eterna. Todos conocemos el concepto, todos sabemos lo que eso quiere decir; sin embargo, hasta en las iglesias de “garaje”, que se supone buscan acercar al hombre a las verdades eternas, procuran no ahondar en esos temas con la premisa de que a los fieles hay que darles lo que desean escuchar para que no se vayan, no sea que el diezmo peligre.
Y yo, como católica, levanto mi voz de protesta. Y que no me digan que para eso está el libre albedrío, que apague la TV y ya. No quiero ser avestruz. Me duele el silencio general, me duele el silencio de mi Iglesia tanto como el de las demás. ¿Cómo es posible que hayamos llegado a tal decadencia con la indiferente mirada de los que tienen la obligación de enderezar los caminos de sus fieles? ¿Creen acaso que es casualidad todo lo que estamos viviendo en Colombia con nuestros niños: secuestros, asesinatos, violaciones físicas y morales, etc.?
Este es un llamado al necesario reencuentro con la moral y las buenas costumbres antes que ya no haya manera de dar marcha atrás y si no hay voces que se levanten en las altas esferas de las iglesias, seamos los laicos los que nos impongamos rechazando los programas de diversión y sus contenidos. Es ahora, este es el tiempo. Reaccionemos.
Ángela Pacamo. Bogotá.
Crisis moral
Las atrocidades que se cometen en la sociedad colombiana, como el reciente secuestro y homicidio del niño Luis Santiago, además de todas las otras muertes inmisericordes en niños, adolescentes y jóvenes en cientos de ocasiones han causado toda clase de rechazos y malestar social, hasta el punto de escuchar voces como: ya hemos llegado al caos total, se llenó el vaso… En lo personal, llevo 40 años escuchando tales clamores y no existe solución temprana ni siquiera a estos desajustes familiares y sociales. Lo que sí es claro es que día a día nos sumergimos más y más en estos desafueros porque día a día aumenta la población. ¿En dónde estará la causa de los males? ¿No estará en el nulo conocimiento que se tiene de Dios y derivado de ello, no estará acaso en la desintegración de la familia? ¿No estará en la permisividad de los padres de familia, ante el libre desarrollo de la personalidad? ¿No estará en las fallas de la educación, no estará en la ineficaz justicia colombiana? ¿No estará en la ausencia total de valores por culpa de sus forjadores?
Arturo Tejeiro González. Villavicencio.
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