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“En un quirófano, me da lo mismo Uribe que ‘Jojoy’”

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¡Sí! Así son las cosas y no por eso puede decirse impunemente que soy guerrillero y tampoco tengo por qué estar en la cárcel acusado del delito de rebelión.

Ejerzo mi profesión con dignidad y con amor, y como cualquier otro profesional de la salud encarno el espíritu de la misión médica mundial, siendo mi función incondicional la de preservar la salud y la vida en ‘el otro’ universal que sufre, independientemente, de si es un guerrillero o si no lo es.

En días pasados el enfermero Wíller Mota, del Ejército colombiano, atendió al guerrillero Carlos Arias, del frente 43 de las Farc, y su acción médica y humanitaria fue, con justicia, resaltada y exaltada por los medios de comunicación y por la opinión pública en general. ‘Mi función es salvar vidas. Es una persona y tiene derecho a la vida’, dijo el enfermero Mota y afortunadamente, y no sobra decirlo, no está preso por ello. ¡No faltaba más!

Sin embargo, hay médicos y enfermeros colombianos que por esa misma razón están hoy presos como delincuentes de ‘alta peligrosidad’ en las cárceles colombianas por el delito de rebelión.

Pregunto entonces: ¿Si soy un médico o enfermero del Ejército colombiano entonces es válida mi acción y, si no lo soy, entonces mi acción no es humanitaria? ¿Acaso es que si el guerrillero está ya preso y ‘asegurado’, entonces sí tiene derechos fundamentales, pero si está prófugo, entonces ya no los tiene? ¿Es acaso legal y correcta la acción sólo si, accidentalmente, el personal de salud encuentra al herido tirado en el campo de batalla, pero ya no lo es si ese mismo personal decide ir al monte a realizar su misión? ¿Es legítimo mi proceder si tiene lugar en medio de balas y morteros, pero ya no lo es si ocurre en la selva lejos del combate y entonces me convierto automáticamente en un ‘auxiliador de la guerrilla’ que merece la cárcel y el total desprestigio profesional y social? ¡Por supuesto que no! ¡Mil veces no! ¡Así no son las cosas en un Estado de Derecho que se precia de respetar la Constitución y el Derecho Internacional Humanitario!

 Y tampoco es un delito en Colombia percibir honorarios por el acto médico, que dicho sea de paso, mientras no condicionen la misión médica, por sí mismos jamás deslegitiman el carácter humanitario de la acción. Y no es función del médico investigar la procedencia de los dineros que se convierten en sus honorarios.

La verdad es que en Colombia los grupos al margen de la ley, y lastimosamente también el Estado, pisotean, maltratan y ‘chantajean’ la misión médica (y con ella al personal de salud y a sus familias) de la misma manera vil, cobarde y ruin en que lo hace un cónyuge desesperado que amenaza con lanzar a su pequeño hijo recién nacido por la ventana si su pareja no regresa con él.

¿Qué será entonces lo mejor, pregunto de nuevo: atender la llamada de la guerrilla e ir al monte de buena manera (para evitar con ello el secuestro propio o de alguien más) y aceptar estoicamente con ello la cárcel y la persecución estatal que con seguridad vendrán después o, por otro lado, no ir ‘a las buenas’ y aceptar entonces el secuestro y las retaliaciones personales y mortales de los grupos al margen de la ley?

Habiendo conocido familiares de personas secuestradas y también familiares de médicos injustamente encarcelados y habiendo conocido su profundo dolor y sus angustias, yo no tengo la respuesta. Pero quién sabe, quizás el señor Fiscal General de la Nación o el señor Ministro del Interior y de Justicia o quizás el Mono Jojoy sí la tengan y entonces quieran compartirla con los familiares, esposas, madres e hijos de quienes están hoy privados de la libertad y del amor y del hogar y de su dignidad profesional y ciudadana, ya sea porque están injustamente presos en la cárcel o, por otro lado, infelizmente secuestrados en la selva y en el monte. ¡Por Dios santo, libérenlos ya!, y dejemos a los médicos ser médicos… ¡en paz!

A todos ellos, en el monte y en la cárcel, con inmenso amor patrio y nacido de la más profunda y sentida sed de justicia y de verdad, envío un abrazo fuerte y cálido de solidaridad, esperanza y fortaleza.

 Jorge Merchán Price. Bogotá”.

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