Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Pese a la recia y baja temperatura, atraída por un cartel del Instituto Cultural León Tolstoi que convocaba a una proyección de un documental, a escuchar la intervención del señor Oleg Ostrovsky, encargado de negocios a.i de Rusia en Colombia, y a apreciar una exposición fotográfica sobre el conflicto entre Georgia y Osetia, asistí en la noche del jueves 4 de septiembre del presente, al evento en mención, en compañía de varios amigos.
El motivo de esta carta es mostrar mi inconformidad, la de mis compañeros y de otras personas asistentes, por el superficial artículo del señor Daniel Pacheco, “La rusa: entre dos grandes verdades”, de fecha martes 9 de septiembre, del año en curso, publicado en El Espectador.
Respecto al escrito en mención expongo algunas falencias:
• Minimiza con un gesto arrogante, irrespetuoso y displicente al respetable público asistente al evento, deformando aspectos cuantitativos y cualitativo: “… una audiencia escasa… algunos jóvenes mojados, un puñado de viejos nostálgicos…”.
• Respecto al documental que registra el crudo genocidio, recién desatado sobre Osetia del Sur, por Georgia, el columnista muestra reiterativamente su indolencia ante el dolor, la angustia desgarrada de las víctimas, calificando estos profundos sentimientos incontrolables como arrebatos histéricos: “ … aparecen imágenes de mujeres histéricas, gritando en un idioma que asumo es el ruso (además, el columnista muestra ignorancia sobre la cultura del pueblo de Osetia)… más mujeres histéricas gritando… se prendieron las luces y las dudas, si las mujeres estaban histéricas por culpa de los rusos o de los georgianos…” (sigue mostrando su débil información, y un despiste sobre el hilo conductor de los hechos reflejados en la pantalla. Para su mediana comprensión, no se hace necesario el dominio de la lengua rusa: las imágenes son expresivas).
• Sin ningún fundamento, el señor Pacheco hace juicios a priori sobre la metodología de la exposición de los hechos: “… preguntas para respuestas previamente preparadas…”. Consideramos que el señor Oleg Ostrovsky es un gran especialista, una autoridad en asuntos internacionales; igualmente el señor Flórez, egresado de la Universidad de Rusia de la Amistad de los Pueblos y destacado profesor universitario, aunque no es especialista, mostró estar informado sobre el tema.
• Finalmente, el señor Daniel Pacheco vincula el conflicto Georgia-Osetia con la Guerra Fría, y en un arrebato de sencillez reconoce ignorar este último tema: “… yo no tengo la memoria de la Guerra Fría…”.
Soy asidua lectora del prestigioso periódico El Espectador, el cual, coincidencialmente, publicó un artículo del señor Ostrovsky titulado “Osetia del Sur: hechos de una tragedia”, en donde refleja como persona autorizada su gran dominio sobre temas internacionales y por consiguiente sobre el conflicto mencionado; el mismo personaje que posteriormente, en aquella noche fría, del 4 de septiembre, en el auditorio del apreciado Instituto Cultural León Tolstoi, cubrió los hechos y los factores externos que agudizaron los acontecimientos ocurridos entre Georgia y Osetia del Sur, contestando con amabilidad y profesionalismo las inquietudes del público asistente.
Rosalba Díaz. Bogotá.
Sobre Hölderlin
Les escribo desde Cartagena para compartir con ustedes una experiencia poética que tuve en el II Congreso Nacional de Filosofía. A pesar de que los medios masivos no le dedican mucha atención a este tipo de eventos, me sorprende ver cada vez más público. Cada vez la gente es más joven también. He seguido varias ponencias, pero hay una en particular que me ha “marcado” y por eso escribo este mensaje. Su título es: “Hölderlin lector del Banquete: eros, unidad y totalidad. Una aproximación moderna a la teoría platónica del amor”. Sé que es un tanto inusual hablarle al público sobre estos temas, pero quiero decirles que hoy me parece aún más necesario e inefable leer y acercarse al poeta Hölderlin. Piensen en un verso como éste: “Nosotros nada somos. Es eso que buscamos lo que somos”. Ojalá hubiera aún más público escuchando estas palabras. Yo, que sólo he sido “paseante” en la Filosofía, trato de asistir a los eventos que puedo. Para terminar, y antes de dirigirme a una jornada más de “filosofía en común”, lanzo esta botella al mar (un tanto turbio y estancado) de la Bahía de Cartagena, esperando que remonte geografía y ánimos, para que otros sigan mi ejemplo.
Diotima Castell. Cartagena.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com