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Con el argumento de que en el Caribe colombiano se están popularizando actos que erotizan y despiertan el deseo sexual a temprana edad e inciden en los embarazos de las adolescentes, el Concejo de Cartagena aprueba un acuerdo para que en las instituciones educativas se impida la erotización.
No es posible seguir pensando la educación y la formación desde el adoctrinamiento a través de la aplicación de normas, sobre todo, si censuran, prohíben e instituyen un discurso conservador y retrogrado.
Los estudios antropológicos nos enseñan que el erotismo es un aspecto fundamental de la vida interior del ser humano, no está afuera, está adentro y como tal lo constituye y moviliza y esta movilización la hace a través del cuerpo y como lo diría Christoph Wulf “el cuerpo se encuentra en el centro de los procesos de aprendizaje con los que los hombres transforman su entorno” y no con un cuerpo estático, es un cuerpo en movimiento, un cuerpo que fue capaz de erguirse, un cuerpo que entra en relación con otros cuerpos para constituirse y construir vínculos.
En ese sentido, el amamantamiento de una madre con su hijo es erótico, la tomada de la mano de la maestra de preescolar a un niño para guiarlo en una construcción grafica, es erótica, el spagat, o grand écart, en la clase de educación física son eróticos, la danza del bullerengue es erótica así como el mapalé, el recorrido que hace un niño ciego con la mano sobre el rostro de una persona para reconocerlo es erótico.
Ahora bien, si un depravado sexual ve en el seno descubierto de una mujer que amamanta o los movimientos de cadera del bullarengue una provocación y si los pedófilos encuentran pornográfico el spagat así como el baile del mapalé, ¿qué es lo que se debe normar?
Limitar la erotización de los cuerpos en las instituciones educativas de Cartagena es a su vez limitar el aprendizaje, éste sin erotismo está incompleto. Sobre todo porque Cartagena es una ciudad en donde el baile y la expresión corporal figuran como componentes indiscutibles de la identidad costeña. En el Caribe aprendimos a expresarnos por medio de tambores, gaitas, guacharacas, acordeones y clarinetes; cada relato de nuestra vida cotidiana esconde tras de sí la posibilidad de volverse una canción o un baile y muchos maestros las utilizan como herramienta didáctica.
En la historia de la educación nos hemos encontrado con múltiples y variadas formas para “educar” tanto al alma como al cuerpo, pero ya lo decía Heraclito: el ser humano ha avanzado gracias a que ha sido capaz de ir muchas veces en contra de la “razón” porque si así no fuera, ¿cómo podríamos hablar de progreso? Nos quedaríamos estancados en una visión del mundo homogénea y cerrada. Afortunadamente el Jazz siguió siendo Jazz aun cuando la alta sociedad europea y norteamericana lo consideró una “obscenidad de negros”. El Mapalé siguió siendo una danza artística aun cuando la psicosis colonialista de este país lo tachó de pornografía. Valdría la pena que nos preguntáramos en Cartagena: ¿Qué es lo que está detrás de este tipo de censura, qué ideología es la que pretenden imponer en nuestras escuelas?
* Rectora de la Institución Educativa Olga González Arraut de Cartagena, exdirectora de la Escuela de Gobierno de la misma ciudad, docente de investigación de la Universidad San Buenaventura y Mención de Honor, Alcaldía Mayor de Cartagena de Indias (2007).