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El caso del homicida de Echeverry

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En mi calidad de defensor del doctor Daniel Patiño, solicito aclarar varias imprecisiones publicadas por El Espectador en la noticia “Libre homicida de Echeverry” (septiembre 18 de 2008):

1. No es cierto que Daniel Patiño ande “caminando por las calles de la ciudad”. Mi defendido cumple rigurosamente su detención domiciliaria, y discrepo de que se publique un hecho falso para intentar revocar esa domiciliaria contrariando la verdad.

2. El doctor Daniel Patiño se entregó voluntariamente a las autoridades, como se demuestra en prueba documental de la Policía. Entonces, resulta tendenciosa la redacción de la noticia al afirmar que “la Policía lo capturó a tan sólo unas cuadras del parque”.

3. El muy lamentable episodio de la dolorosa muerte del profesor Echeverry se produce accidentalmente porque dos sujetos extraños entran al vehículo de mi defendido, y la justicia investiga los antecedentes de estas personas; no porque el doctor Patiño haya disparado “indiscriminadamente”, puesto que se trató de una acción defensiva. No resulta explicable que en Bogotá, dos sujetos ingresen al vehículo de un desconocido, y la tesis según la cual el carro estaba rodando es una inmensa mentira desvirtuada por las leyes de la física.

Solicito respetuosamente permitir que la justicia resuelva sobre la verdad de lo ocurrido, y no sobre inventos o interpretaciones equivocadas de alguna parte interesada.

Jaime Lombana Villalba. Bogotá.

Reconstrucción del Palacio de Justicia de Cali

El atentado del Palacio de Justicia puso de presente varios aspectos que antes habían pasado desapercibidos para los gobiernos nacional y municipal.

En primer lugar, la deficiente vigilancia interna y externa de la edificación, más evidente en las horas de la noche, a lo cual se suman los atracos y robos que ocurren a diario a plena luz del día en dicho sector y que de alguna manera corroboran la hipótesis de que en el caso de la bomba tales circunstancias facilitaron el atentado, en lo que podía calificarse como una “falla en la prestación del servicio de seguridad por parte del Estado”.

No obstante lo anterior, algunas autoridades y personas interesadas en obtener provecho de tan dolorosa circunstancia vienen propalando la idea de sacar a la justicia de su sede,  para construir una “ciudadela de la justicia” en un lugar alejado del centro de la ciudad, del Tribunal Superior del Distrito Judicial, de la Procuraduría,  del CAM y de las oficinas de los abogados litigantes.

En segundo lugar, hay que señalar que los verdaderos afectados con el atentado son los usuarios de la justicia, que no podrán recibir los dineros por concepto de alimentos, arrendamientos, embargos, salarios, prestaciones, pensiones, etc., a la par con los abogados litigantes, quienes no percibirán honorarios profesionales en este período.

Ahora bien, para que la justicia empiece a funcionar en condiciones de normalidad se requiere la reconstrucción inmediata del Palacio de Justicia y para ello se impone que se declare la urgencia manifiesta conforme a la ley de contratación para la adjudicación de las obras de reconstrucción, con lo cual el Estado se ahorrará los trámites dispendiosos de las licitaciones públicas, dada la gravedad que presupone la parálisis de la justicia y la penosa situación por la que atraviesan los usuarios de ésta.

La justicia es un servicio público a cargo del Estado y sus autoridades deben garantizar su eficiencia y continuidad en interés de toda la comunidad y de acuerdo con la Constitución y la ley.

Luz Betty Jiménez de Borrero. / Pablo A. Borrero V. Cali.

La columna de Arango

No había leído hasta ahora al columnista Rodolfo Arango. Me sorprende la profundidad de sus argumentos y la claridad de su escrito “Adiós a la vieja política” (septiembre 18 de 2008). Excelente columna. Esta semana presentaron en el Parlamento Europeo las denuncias sobre las masacres, con pruebas en mano. El escándalo se ha destapado en Europa. La manipulación de la opinión es fácil en casa, pero ante instituciones internacionales la cosa va a ser de otro color. La verdad está saliendo a la luz y, como dice el columnista, es hora de poder volver a pensar en una democracia moderna con verdadera solidaridad social.

Catalina Arroyave. Popayán.

Lo que falta

En Colombia, la mala memoria nos afecta dramáticamente. Veo ahora que los periodistas se derraman en elogios a los resultados del nuevo técnico por dos partidos de nuestra selección Colombia. ¿Cómo es posible que no se acuerden que a Lara, en un torneo celebrado en Ecuador, le fue como a los perros en misa, que estuvieron a punto de echarlo, que incluso vacas sagradas del pseudo-periodismo colombiano como Javier Hernández, César Augusto Londoño y otros afirmaron que el proceso de Lara se debía dar por terminado, y entrar a evaluar otras alternativas. La selección adolece de algo, y ese algo es jerarquía. Es algo que se tiene o no se tiene, sin puntos intermedios, como cuando las mujeres están o no embarazadas. Así que no esperemos mucho de Lara, aunque ahora nos lo presenten como un salvador.

Iván Antonio Vélez. Manizales.

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