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“Nos llegó la mano de Dios”: habitante de Orejón

A su 75 años, este hombre que asegura ser el más viejo de Orejón (Antioquia), reconstruye la historia de la vereda donde se hizo el primer plan piloto de desminado en Colombia.

26 de noviembre de 2015 – 08:16 a. m.

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“Como puede ver, estas tierras de ladera son hermosas, boscosas, fértiles, buenas para ganado, café y fríjol. Están rodeadas por el río Cauca y tienen salida a Urabá y al norte de Antioquia. Son muy ricas. En 1939 mi familia se vino de Riosucio (Caldas) atraída por la fiebre del oro que explotó en lo que ahora es el corregimiento Berlín de Briceño (norte de Antioquia).

Mi familia no sólo vino por el oro. Se quedó en la zona. Mi papá compró por acá muchas tierras. Gran parte de la tierra de esta vereda es de mi propiedad. Mi padre murió muy joven y a sus siete hijos les tocó trabajar desde muy pequeños.

No pude estudiar cuando era niño. A los 19 años aprendí a leer y a escribir gracias a Radio Sutatenza. Validé el bachillerato y pude hacer una carrera profesional en licenciatura en administración educativa. Fui rector de dos colegios en el municipio de Briceño (Antioquia) y luego regresé a trabajar como maestro a la escuela del Orejón.

En esta vereda, durante los últimos 30 años, hemos vivido bajo las normas de grupos armados ilegales y por eso nos han estigmatizado. La guerrilla llegó a la zona en 1981 y la comunidad aprendió a convivir con ellos. En 2002 los paramilitares llegaron muy agresivos. Sacaron a la guerrilla, hicieron muchas advertencias y cometieron excesos con la gente. A mí me secuestraron ese año porque la guerrilla había dejado un ganado en mi finca y me quedé callado. Eso me desmoralizó y me retiré del magisterio. Pero no renuncié a la tierra y la comunidad también se adaptó. Tras la desmovilización de los paramilitares, la guerrilla volvió.

El conflicto se agravó en 2011, cuando llegó el proyecto de Hidroituango, ese que usted ve allá en la montaña del frente, al otro lado del río Cauca. Con este llegó el Ejército y la guerrilla pretendió defender el terreno. Sembró minas para obstruirles el paso a los soldados. Hubo momentos en los que nos dijeron que no nos podíamos mover de la casa porque todos los caminos estaban minados. Conseguimos alimentos y nos quedamos encerrados. Uno se acostumbra a vivir con el riesgo. Eso es lo grave. La norma era transitar sólo por el camino. No meterse al bosque. Uno trataba de recordar toda la información de la guerrilla.

Quizás lo más duro lo vivimos la mañana del 19 de febrero de 2012. La noche anterior un guerrillero había muerto mientras intentaba sembrar una mina a unos 300 metros de la escuela. Yo y varios vecinos fuimos al lugar porque queríamos recoger el cadáver y darle cristiana sepultura en el corregimiento de Pueblo Nuevo. Pecamos por ignorancia. No sabíamos, ahora lo sabemos, que donde hay una mina, puede haber más.

Alrededor del cadáver unas diez personas hicieron una especie de círculo. La vecina Yudy García Moreno (16 años) llegó al sitio y se hizo en la parte de atrás. Yo le cedí mi lugar para que viera mejor el cadáver. En ese momento sucedió la tragedia: explotó la mina. Ella murió y los demás quedamos con lesiones. Yo perdí gran parte de mi oído derecho.

Después de eso mucha gente se fue. Mi esposa, los siete hijos, dos nietos y algunos trabajadores de mi finca se fueron. Yo me quedé solo. ¿Por qué? Porque el evento había pasado y porque creo que nada está por encima de la voluntad y fortaleza del hombre. Además, quería seguir disfrutando estas tierras tan bellas.

Pero la mano de Dios nos ha ido llegando. Hace cuatro años nos llegó la luz; en enero de este año la carretera. Antes nos demorábamos siete horas para ir a Briceño y ahora dos. Y en junio de este año nos llegó este proyecto: el primer piloto de desminado en Colombia.

Han encontrado 33 minas: 15 en los sectores Chiri 1 y Chiri 2, que son caminos muy importantes porque por allí transitan la comunidad y los animales, y 18 en Camino Guinea y Alto Capitán. En Guinea hay potreros, ganadería y la gente va allí a cortar madera.

Y Capitán ha sido un lugar de encuentro y de descanso (allí fue donde el 15 de julio de 2015 murió el soldado del Batallón de Desminado Humanitario Wilson de Jesús Martínez Jaraba). Es un mirador desde donde se divisa todo el paisaje que nos rodea. Se dice que en el alto del Capitán la gente se va a casar. Eso allí es tan agradable, la sensación es de tanta frescura y tranquilidad, que la gente sí va allá a dar los primeros pasos para el matrimonio, a sentirse cerca del cielo. Allí cultivan el amor (risas).

Sé que este miércoles (ayer) se va a definir si se hace un desminado en el alto del Oso. La verdad es que ahí el más beneficiado soy yo porque este terreno es mío. Pero al menos ya está señalizado y esto me ha permitido trabajar la finca, que ha estado abandonada durante tantos años.

Algunos vecinos no han estado muy conformes con los lugares donde se hizo el desminado. Dicen que no se trabajó en los más importantes. Sin embargo, se desminó con la información de la guerrilla y por algunos de los caminos más transitados.

También se quejan por los proyectos sociales. Dicen que no se ven. Hay que tener paciencia porque estos proyectos requieren diseño y planeación. La escuela es un hecho y será una de las mejores de Briceño. El gobierno noruego nos va a construir una casa comunal. También esperamos que se ejecute el proyecto de una cancha polideportiva.

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Los proyectos productivos van a depender en gran medida de la comunidad. La gente debe decir qué es lo que quiere. Yo vivo del café, un poquito de ganado y fríjol. Tengo 100 hectáreas para sembrar coca, pero no me he dejado tentar por ese cultivo. Se mueve mucho dinero y se genera mucha violencia. Para esto tenemos que cambiar esquemas de comportamiento y de pensamiento para avanzar hacia el desarrollo. Es un proceso que la comunidad apenas comienza a vivir. Pero necesitamos que nos capaciten y que nos ayuden con aporte a proyectos y con créditos adecuados.

Acá se puede cultivar café especial. En tres o cuatro años, acá puede haber fincas modelo de producción de café. Con la carretera también se puede cultivar aguacate y fique. Pero el deseo debe nacer de la comunidad. Hay que dejar que la gente escoja el proyecto y ser conscientes de que el desarrollo es a largo plazo. No se puede correr para estas cosas que van a hacer para toda la vida.

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Digo que nos ha llegado la mano de Dios, pero confiamos en que no se vaya cuando el proyecto piloto termine (se estima que el próximo 15 de diciembre se entregue oficialmente el desminado en Orejón).

A mí me va a doler cuando se vaya toda esta gente. Desde mayo han convivido en esta casa (el campamento) enemigos (42 soldados del batallón de desminado y tres guerrilleros) y miembros de la ONG Ayuda Popular de Noruega. Nos va a doler porque hemos considerado que esta casa es la casa de todos. No queremos quedar a la deriva”.

 

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