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El ex canciller mexicano, Jorge Castañeda, niega que la violencia salida de madre que vive hoy México se parezca, en lo esencial, a la vivida por los colombianos hace veinte años, cuando el terrorismo del Cartel de Medellín y de los extraditables, en cabeza de Pablo Escobar, afectaba todos los ámbitos de la vida nacional.
La afirmación que hace es categórica. Da la impresión de que no le gustara la comparación. “Para empezar, México no tiene un problema de guerrilla, ni de paramilitares. La segunda diferencia es que yo creo que a partir del Plan Colombia, con Pastrana y Clinton, los colombianos llegaron a un cierto consenso interno de que tenía que haber una reforma de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, y que, en efecto, se necesitaba una gran ayuda de Estados Unidos para hacerla. Ese consenso no existe en México. No hay ningún acuerdo interno sobre cómo dotarnos del ejército y la policía que necesitamos”.
En una semana, en Tijuana fueron asesinadas más de cuarenta personas a manos de sicarios del narcotráfico. Desde que Felipe Calderón llegó a Los Pinos, el primero de diciembre de 2006, se contabilizan más de cuatro mil muertos relacionados con los carteles de la droga.
Las similitudes con el caso colombiano saltan a la vista. Culiacán, capital del Estado de Sinaloa, epicentro de la ofensiva oficial contra el crimen organizado, es comparada con la Medellín de los años ochenta. Hay opulencia, tensión, muertos a granel y mucho dinero circulando por la calles. Castañeda matiza: “De todas maneras, yo sí creo que México tiene mucho que aprender de Colombia.
Uribe pudo hacer muchas cosas cuando finalmente pareció existir un acuerdo, dentro de la sociedad, en el sentido de que ya no podían seguir, no con el narco, sino con la violencia vinculada a los carteles de la droga. Y lo que sí ha disminuido es esa violencia relacionada con el narcotráfico. No la superficie sembrada, pero sí hay menos corrupción y menos guerrilla. Ésa es una lección de Colombia que vale la pena tener en cuenta”.
Castañeda es un hombre muy polémico en su país. Quiso ser candidato independiente de los partidos, pero ni la Constitución de México, ni la Corte Interamericana de Derechos Humanos le dieron la razón. Si quiere algún día ser presidente, le tocará reconciliarse con la clase política, de izquierda y derecha, con la que ha sostenido, desde hace varios años, agrios debates.
A pesar de sus peleas en México, en el ámbito internacional, sobre todo en Estados Unidos, el prestigio intelectual de Castañeda es enorme. Es, además de profesor de política y estudios latinoamericanos de la Universidad de Nueva York, un especialista en temas migratorios al que invitan a los programas de televisión más importantes. Es también miembro de la junta directiva de Human Rights Watch, la ONG de derechos humanos que acaba de publicar un informe devastador sobre Venezuela, el cual provocó la expulsión de ese país de José Miguel Vivanco, director para las Américas de dicha organización.
Vivanco dijo en una entrevista que no consideraba a Chávez un dictador ni a Venezuela una dictadura, pero que el gobierno sí estaba vulnerando cada vez más la justicia y las instituciones de control. ¿Usted cree lo mismo?
Lo que sabemos es que cuando a Chávez las cosas se le complican internamente, tiende a radicalizarse, a ser errático en la parte externa y a comportarse de una manera más autoritaria.
La oposición en Venezuela fue desde el principio golpista, no jugó la carta democrática, sino buscó tumbar a Chávez a como diera lugar…
Hay claramente una tendencia golpista en Venezuela, en Bolivia, y en otros países, por parte de la oposición.
¿Qué va a pasar con América Latina en medio de la crisis financiera mundial?
Están los países que crecieron mucho estos últimos años por las materias primas, con burbujas que evidentemente no se justificaban del todo: el caso más obvio es Argentina, en menor medida Perú y Venezuela, con el petróleo. Luego tiene a los países que han crecido y les ha ido más o menos bien, por políticas económicas sanas, sólidas, como Chile y Brasil.
Y por último, vienen los países que han crecido muy poco, como México. La crisis actual se va a reflejar en aquellos países exportadores de materias primas, como Argentina, Perú, Bolivia Venezuela, Paraguay, países que no tienen economías tan sólidas y diversificadas como Brasil o Chile.
Se está viendo una profunda falta de liderazgo en Estados Unidos, no hay un Roosevelt con un plan creíble que saque a ese país de una peligrosa recesión con efectos globales.
No es inútil recordar que la recesión o la depresión comenzó en 1929, y Roosevelt llegó al poder en 1933. Transcurrieron tres años y medio. Entonces, no es inmediato. También es importante tomar nota de que, por definición, todo gobierno que está de salida es débil, como está pasando con el de Bush. Esperar otra cosa es un poco ingenuo. Lo importante es que actúen de manera más organizada, Estados Unidos, Europa, China y Japón para detener esto; son las únicas economías que lo pueden hacer, y tratar de que el agua no llegue al río y que no afecte demasiado a la economía real.